
Esta noche se entregan los Goya. Este tipo de premios, tan publicitados y cacareados durante este fin de semana, concentran la atención de los medios alrededor del cine y esto provoca, directamente, que al pueblo llano nos llegue alguna onda sobre el estado del arte del cine español o alguna chispa de interés por ver las películas que participan en el evento (mañana, en los descansos del café, se hablará del ranking de premios, siempre que la victoria de Rafa Nadal en el Open de Australia deje algún hueco para el tema). Criticar la cutre-gala de turno, esperar el nombre de los ganadores, ver la cara que se le queda a los perdedores: solamente la sorpresa del gol de última hora de "La soledad" de Jaime Rosales del año pasado, justifica el interés para ver varias ediciones. En la categoría de cortometrajes de ficción están nominados dos directores salmantinos, Isabel de Ocampo con "Miente" y Hatem Khraiche Ruíz-Zorrilla con
"Machu Picchu" (he escuchado perplejo como algún medio castellano-leones ha ignorado por completo a este último director al listar los nominados locales: supongo que para el informativo regional de RNE, el nombre no es compatible con haber nacido a la orilla del Tormes) así que esperemos que la lotería pasé por aquí esta noche.
"Los crímenes de Oxford" opta a las categorías reinas, junto a "Camino",
"Los girasoles ciegos" y "Solo quiero caminar". Mala cosecha, dicen, la de este año, como si se tratará de la añada de un vino: no me parece tan distinta a la del año anterior: quitando "La soledad", que fue la gran sorpresa,
"El orfanato", "13 rosas" y "Siete mesas de billar francés" no destacan especialmente. Dos años atrás,
"El laberinto del fauno",
"Volver" y
"Alatriste", sí que conformaron un grupo potente. Habrá que echar una mirada a la categoría de director novel, donde supongo que "El truco del manco" de Santiago A. Zannou (el verdadero truco del manco es estrenarla dos semanas antes de los premios) lleva todas las papeletas para ganar, aunque puede que
"Los cronocrímenes" de Nacho Vigalondo (ojalá) dé una pequeña sorpresa.
La película de Alex de la Iglesia está muy bien realizada, pero la trama de los crímenes, tan matemática y tan pitagórica, no acaba de resolverse con claridad. Leí la novela de Guillermo Martínez, en que se basa el guión de la película (otra nominación goyesca) hace un par de años. No es el estilo de novela policíaca que más me guste: las deducciones milagrosas (elementales, querido Watson) son en la mayoría de los casos piezas socorridas para cerrar un puzle imposible: me gustan más aquellas historias en las que a los soplones les parten las piernas y las páginas destilan bourbon antes de encontrar al asesino: el método convencional. Pero lo que importa es el suspense, como diría Hitchcock, y la novela lo sabe mantener bien. Mejor que la película.
El reparto lo componen esa cara de no haber roto un plato en su vida que tiene Elijah Wood, el
gentleman perfecto, torvo y enigmático, que interpreta John Hurt y ¿qué hace ahí Leonor Watling? No es lo mejor del director, especialista en héroes anómalos y humor negro ("Acción mutante", "El día de la bestia" y "La comunidad" representan los hitos extraordinarios de su carrera), pero tampoco defrauda (como sí lo hizo "Perdita Durango" u "800 balas": un fan decepcionado no perdona).
Seguramente "Los crimenes de Oxford", la película española más taquillera del 2008, no triunfará hoy. Tampoco le hace falta.