
Buford Tannen: What’s your name, dude?
Marty McFly: Mart...Eastwood. Clint Eastwood.
Buford Tannen: What kinda stupid name is that?
Un lustro es un montón de tiempo, tiempo suficiente para cansarte de cualquier cosa. Pero el tedio y el hartazgo aún no han entrado en este blog, afortunadamente: no me apetece chapar el garito. Después de cinco años este rincón sigue siendo oasis, que no cárcel, lugar de ocio y recreo a pesar de su vocación de isla siniestra y, para demostrarlo, el libro que ha caído este año de regalo, de parte de la persona que se sabe todas las fechas y que me regala todos los libros, se aleja de cualquier tratado cinéfilo para adentrarse en la pura frivolidad chafardera. Del cineclub caemos al marujeo. Sin perdón.
Desmontando a Clint, con demanda incluida por intentar destruir la reputación de la sacrosanta estrella, el gran héroe americano, el último clásico vivo, dicen. Del centenar largo de páginas que llevo leídas se desprende que el empeño del escritor se centra en contradecir la historia oficial, el dossier de prensa que durante décadas ha intentado que el ser de carne y hueso y su reflejo de celuloide fueran la misma persona: verdades a medias que embellecieron biografías autorizadas y que son despedazadas sin piedad en el biopic elaborado por McGilligan: explicar que se vuelve vulgar al bajarse de cada escenario, como cantaba Enrique Urquijo. Al parecer, detrás de su mirada acerada de pistolero solitario se esconde un tío simpático y sociable, bastante tacaño, incansable womanizer, republicano acérrimo, un actor y director sin dotes pero con mucha suerte.
En fin, me quedo con su obra, con su cine y sus personajes, como sucede con tantos otros creadores que pueden decepcionar en las distancias cortas pero, qué se le va a hacer, me hacen gracia estas desmitificaciones.
Alégrame el día, Clint.
El mundo se divide en dos, Tuco: los que encañonan y los que cavan. El revólver lo tengo yo, así que ya puedes coger la pala.
Marty McFly: Mart...Eastwood. Clint Eastwood.
Buford Tannen: What kinda stupid name is that?
"Back to the future Part III", de Robert Zemeckis
Un lustro es un montón de tiempo, tiempo suficiente para cansarte de cualquier cosa. Pero el tedio y el hartazgo aún no han entrado en este blog, afortunadamente: no me apetece chapar el garito. Después de cinco años este rincón sigue siendo oasis, que no cárcel, lugar de ocio y recreo a pesar de su vocación de isla siniestra y, para demostrarlo, el libro que ha caído este año de regalo, de parte de la persona que se sabe todas las fechas y que me regala todos los libros, se aleja de cualquier tratado cinéfilo para adentrarse en la pura frivolidad chafardera. Del cineclub caemos al marujeo. Sin perdón.
Desmontando a Clint, con demanda incluida por intentar destruir la reputación de la sacrosanta estrella, el gran héroe americano, el último clásico vivo, dicen. Del centenar largo de páginas que llevo leídas se desprende que el empeño del escritor se centra en contradecir la historia oficial, el dossier de prensa que durante décadas ha intentado que el ser de carne y hueso y su reflejo de celuloide fueran la misma persona: verdades a medias que embellecieron biografías autorizadas y que son despedazadas sin piedad en el biopic elaborado por McGilligan: explicar que se vuelve vulgar al bajarse de cada escenario, como cantaba Enrique Urquijo. Al parecer, detrás de su mirada acerada de pistolero solitario se esconde un tío simpático y sociable, bastante tacaño, incansable womanizer, republicano acérrimo, un actor y director sin dotes pero con mucha suerte.
En fin, me quedo con su obra, con su cine y sus personajes, como sucede con tantos otros creadores que pueden decepcionar en las distancias cortas pero, qué se le va a hacer, me hacen gracia estas desmitificaciones.
Alégrame el día, Clint.
El mundo se divide en dos, Tuco: los que encañonan y los que cavan. El revólver lo tengo yo, así que ya puedes coger la pala.
"El bueno, el feo y el malo", de Sergio Leone