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sábado, junio 16, 2018

"Jurassic World: El reino caído", de Juan Antonio Bayona

Poco he visto de este director, apenas asistí a su debut, "El orfanato". No me fue posible ver "Lo imposible" y nunca estoy en casa cuando "Un monstruo viene a verme". Tampoco es que Bayona posea una lista de películas amplia: sus largometrajes se cuentan con los dedos de una mano y hasta sobra el corazón (idea subliminal). Creo que este director me produce cierta pereza, sustantivo que ya gasté cuando escribí sobre su opera prima en el año 2008, y que, por lo visto ahora, continúa vigente. De lo que no me cabe duda es de que constituye un director solvente, capaz de manejarse con grandes presupuestos. Si no tuviera esa capacidad, hubiera sido complicado que Steven Spielberg se hubiera fijado en él para ponerlo a cargo de este prescindible, pero lucrativo, "Parque jurásico 5".
Sí, quinta parte, y una saga que, como se suele decir, da notables muestras de agotamiento en la fórmula, aunque, reconozco también, que con la entrega anterior, "Jurassic World", lo pasé estupendamente, algo que no puedo sostener a propósito de su secuela: me atacó el aburrimiento con la misma impiedad que las mandíbulas de un T-Rex. Mientras que la trama transcurre en la ya mítica isla Nublar, la acción fluye y la tensión, aunque colmada de déjà vu, cumple su cometido de acelerar un poco mi ritmo cardíaco. Pero cuando los dinosaurios abandonan su paraíso seminal y son trasladados a una mansión de estilo victoriano, genuino y tenebroso orfanato de dinosaurios... En fin, supongo que Bayona habrá estado encantado con esa combinación inédita, un autohomenaje indisimulado, pero todos sabemos que mezclar Baileys con Coca-Cola, esa leyenda urbana, es receta propicia para que el consumidor termine en un hospital. Póntelo pónselo, si bebes no conduzcas y mezclar es malo, mantras grabados a fuego en nuestra juventud ochentera. Ah, y si ponen música de los "Hombres G", salte de ese bar. No digas que no te lo advertí.