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sábado, octubre 03, 2020
domingo, enero 11, 2015
"Big Hero 6", de Don Hall y Chris Williams
Disney explotando la veta Marvel, una "concesión minera" que adquirió en 2009 y que ha de proporcionarle suculentos beneficios. En el caso de "Big Hero 6", el filón se encontraba cavando en una miniserie de cómics nacida en el año 1998, una pequeña saga sobre un supergrupo que tuvo escasa expansión en el universo Marvel. Sin embargo, la marca del ratón Mickey ha demostrado que debajo de aquella alfombra de papel grapado había un tesoro y ha convertido las aventuras de Hiro y su robot Baymax en el taquillazo de animación de las pasadas navidades. Un triunfo merecido: la mejor opción para llevar a los chavales al cine e introducir fantasías de celuloide entre tantos días seguidos de vacaciones. Los creativos de Disney se han alejado bastante de la concepción original que los personajes tenían en el cómic, han realizado una transformación profunda a su diseño y a su estética. Si algún padre piensa que "Big Hero 6" en formato papel (en el caso de que los tebeos sean fáciles de encontrar en la actualidad, aunque es de esperar que el éxito de la película provoque la reedición de la obra) es un regalo apropiado para la salida del cine, bueno, en fin, mejor que los niños no sean demasiado pequeños: el Baymax de Marvel no resulta muy achuchable en realidad...
En el filme se ha alcanzado una afortunada mezcla entre las señas de identidad del género Manga y del sello Disney, de modo que el diseño de personajes, entre ellos el de Baymax como robot recauchutado, es sencillamente genial. Igual de natural funciona la conexión USA-Japón, representada en la hipotética ciudad de San Fransokyo, donde trascurre la acción: el sushi y el burguer, el Super Sentai de los Power Rangers y Sillicon Valley, el microchip y la astrofísica. Mención aparte merece la idea de los microbots que desbordan los fotogramas, infinitas piezas de ingeniería que cobran vida uniéndose en una marea alucinante de formas diversas, montura propicia para ser cabalgada por un temible villano, jinete negro de la robótica, oculto tras una máscara kabuki.
La pareja Hiro y Baymax funciona igual de bien que el ancestral dúo formado por el joven piloto Koji Kabuto y el imponente Mazinger Z: el robot como proyección del ansia de fuerza y de poder del niño, la varita mágica que permite sacudir al malo, al abusón: reparar la injusticia, poner orden en el mundo y equilibrar el entorno, ser otro y, de este modo, asfixiar los traumas de la adolescencia. "Big Hero 6" es un equipo integrado por empollones enfrascados en sus inventos tecnológicos, un conjunto de nerds que intentan superar múltiples desafíos físicos: superarlos y así superarse a sí mismos: el valor del ingenio, el esfuerzo, el estudio, la perseverancia, un rescoldo muy valioso que también es capaz de aportar la película, más allá del puro disfrute de verla: el estímulo creativo que puede alcanzar a un pequeño espectador y hacer que al cabo de unos días siga dándole vueltas a la cuestión de crear su propio robot: papel y lápiz: imaginación y trazo. El cine no tiene precio.
¿Y ese cacharro tan grande no está produciendo en realidad un agujero de gusano? "Interstellar", "The Imitation Game" o "Big Hero 6". Invitación a la ciencia. Para todos.
En el filme se ha alcanzado una afortunada mezcla entre las señas de identidad del género Manga y del sello Disney, de modo que el diseño de personajes, entre ellos el de Baymax como robot recauchutado, es sencillamente genial. Igual de natural funciona la conexión USA-Japón, representada en la hipotética ciudad de San Fransokyo, donde trascurre la acción: el sushi y el burguer, el Super Sentai de los Power Rangers y Sillicon Valley, el microchip y la astrofísica. Mención aparte merece la idea de los microbots que desbordan los fotogramas, infinitas piezas de ingeniería que cobran vida uniéndose en una marea alucinante de formas diversas, montura propicia para ser cabalgada por un temible villano, jinete negro de la robótica, oculto tras una máscara kabuki.
La pareja Hiro y Baymax funciona igual de bien que el ancestral dúo formado por el joven piloto Koji Kabuto y el imponente Mazinger Z: el robot como proyección del ansia de fuerza y de poder del niño, la varita mágica que permite sacudir al malo, al abusón: reparar la injusticia, poner orden en el mundo y equilibrar el entorno, ser otro y, de este modo, asfixiar los traumas de la adolescencia. "Big Hero 6" es un equipo integrado por empollones enfrascados en sus inventos tecnológicos, un conjunto de nerds que intentan superar múltiples desafíos físicos: superarlos y así superarse a sí mismos: el valor del ingenio, el esfuerzo, el estudio, la perseverancia, un rescoldo muy valioso que también es capaz de aportar la película, más allá del puro disfrute de verla: el estímulo creativo que puede alcanzar a un pequeño espectador y hacer que al cabo de unos días siga dándole vueltas a la cuestión de crear su propio robot: papel y lápiz: imaginación y trazo. El cine no tiene precio.
¿Y ese cacharro tan grande no está produciendo en realidad un agujero de gusano? "Interstellar", "The Imitation Game" o "Big Hero 6". Invitación a la ciencia. Para todos.
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