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domingo, abril 19, 2015

"La sal de la tierra", de Herbert Biberman

Diez personas se negaron a responder las preguntas de la Comisión de Actividades Antiamericanas, diez cineastas que a partir de entonces quedarían apuntados en la Historia del Cine como "Los Diez de Hollywood": Alvah Bessie, Herbert Biberman, Lester Cole, Edward Dmytryk, Ring Lardner Jr., John Howard Lawson, Albert Maltz, Samuel Ornitz, Adrian Scott y Dalton Trumbo. Su resistencia a colaborar con un disparate inquisitorial, que pretendía asfixiar cualquier desviación ideológica que se apartara en lo más mínimo del canon capitalista, provocó que desde aquel 24 de noviembre de 1947 figuraran en una infame lista negra: multa, prisión y la imposibilidad de trabajar para Hollywood a no ser que cambiaran su actitud, confesaran y, aún peor, denunciaran a otros compañeros de profesión sospechosos de comportamiento subversivo. Esa lista negra se engrosaría hasta alcanzar, en 1951, la cifra de trescientos veinticuatro nombres.
En 1953 el director Herbert Biberman y otros integrantes de la lista como el productor Paul Jarrico, el guionista Michael Wilson o los actores Will Geer y Rosaura Revueltas, parecen tomar la decisión de que ya que te acusan, que sea por algo. Apartados de la industria hollywoodiense, con la producción independiente del Sindicato Internacional de Mineros y Trabajadores de Minas y Fundiciones, ruedan en Nuevo Mexico una genuina película de izquierdas, reivindicativa y social, de auténtica lucha obrera. La trama está basada en las huelgas que sacudieron en 1951 a la compañía minera Delaware Zinc Co., de Silver City, y en la película van a aparecer conflictos no sólo relacionados con el mundo del trabajo, con la mejora de las condiciones laborales y salariales que los mineros de origen mexicano reclaman sin descanso, sino también problemas de índole racista (los anglos y los panchos) y, de modo más intenso aún, de liberación de la mujer. Y todo ello tratado de forma inteligente, bastante alejada de dogmatismos sectarios, obteniendo una obra viva (muchos de sus actores no eran profesionales, aportando un verismo extraordinario a la cinta) que resulta insólitamente actual. Tristemente actual.
Demasiada agitación para los tiempos apasionados por lo inmóvil del Macarthismo. Al rodaje se le opusieron trabas de todo tipo (entre otros muchos problemas con los que se encontró la película, la actriz protagonista Rosaura Revueltas fue encarcelada y expulsada de Estados Unidos y tuvo que volver clandestinamente al país para terminar su trabajo) y tras su noche de estreno la película fue boicoteada y prohibida de facto hasta una década después. Sin embargo alcanzó éxito internacional y fue premiada en numerosos festivales. En la actualidad es una de las cien películas preservadas para la posteridad por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. Lo que no implica que a todos los congresistas estadounidenses les guste la película, claro.