Película basada en el contenido de un libro de historia del mismo nombre, de lectura recomendable. En él, escrito de forma muy amena por el estadounidense Robert M. Edsel, se detallan los esfuerzos de una sección del ejercito aliado, la MFAA (Monuments, Fine Arts, and Archives), grupo empeñado en preservar, al tiempo que el frente se desplazaba en dirección Berlín, toda catedral, iglesia o edificio histórico que aún se mantuviera en pie: bombardea un poco más lejos de este punto, por favor. También tenían como misión recuperar todo el arte expoliado por el avance imparable de las fuerzas alemanas en los años previos al desembarco de Normandía. Hitler, ese pintor fracasado, tenía, entre sus sueños de grandeza, el de crear en la ciudad austriaca de Linz el museo más grande y mejor dotado del mundo, el Führermuseum, diseñado por él mismo (aparece en la película la maqueta del proyecto, y la bóveda principal, majestuosa, trae rauda a la mente los volúmenes orondos dibujados por el francés Étienne-Louis Boullée, arquitecto francés del siglo XVIII, y con ellos una película magistral, "El vientre de un arquitecto" del Peter Greenaway). El retablo de la catedral de Gante pintado por Jan Van Eyck, la Madonna de Brujas de Miguel Ángel, El astrónomo de Jan Vermer, puntos señalados en un listado enorme: miles de obras dispuestas al capricho saqueador de los gerifaltes nazis, omnipotentes en territorio conquistado. Obras del hombre, irreemplazables, irrepetibles, objetos que se deben preservar a toda costa: más valiosos que cualquier pozo petrolífero, que cualquier yermo terreno fronterizo en disputa, que la megalomanía homicida, que la codicia iletrada (la reciente destrucción de los restos asirios de la ciudad de Nínive, milenarios colosos barbudos con alas y cuerpo de león, destrozados a golpes por la mano insensata de fanáticos opacos y prescindibles: desolación sin retorno).
Que George Clooney se fuera a hacer cargo de la adaptación cinematográfica del libro, no era mala noticia: buen director de cine, ya estaba demostrado. Pero debió pensar que abordar el tema con seriedad sería veneno para la taquilla: mejor realizar una película ligera, de aventuras en el frente, el pelotón chiflado y tal. Tanto no querer ser serio, que la cinta se convierte en una broma: una reunión de amiguetes actores que parecen encantados de juntarse unos días a rodar una película en Europa, a jugar a las batallitas, pero que no acusan el mínimo esfuerzo para dar salida a un guión bastante descolocado de por sí. Cate Blanchett parece la única dispuesta, tampoco mucho, a meterse en el papel, sólo sea porque tiene la misión de encarnar a Rose Valand, auténtica heroína universal en esta odisea de apasionados por el Arte. A partir de los año 90 se produjo un resurgir del género bélico, un ciclo cinematográfico potente preocupado por mostrar más de una cara de los conflictos que retrata: los buenos no lo eran tanto, los malos tampoco. "The Monuments Men" no encaja en esos méritos: la irrefutable pena de la ocasión fallida, del tiempo perdido. Y del dinero malgastado.
Mostrando entradas con la etiqueta George Clooney. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta George Clooney. Mostrar todas las entradas
sábado, mayo 09, 2015
domingo, marzo 25, 2012
"Los idus de marzo", de George Clooney
Cine político. Este fin de semana la causalidad (que no la casualidad) ha encadenado tres películas del género. A la que encabeza esta entrada, selección de la cartelera para una escapada al cine de sábado noche, hay que añadir "La pelota vasca" de Julio Medem y "El desafio: Frost contra Nixon" de Ron Howard, ambas desde el DVD. La de Clooney fue el colofón, cinta más relacionada, por supuesto, con la historia de presidentes estadounidenses de Ron Howard que con el vapuleado documental del no menos vapuleado director vasco, Medem (no lo había visto en su día, lo veo ahora para rematar la filmografia de Medem que me faltaba: no me extraña que lo lincharan: no me extraña no quiere decir que comparta o que entienda los motivos del linchamiento). Pero a Medem lo dejo para el siguiente número de "La caja de Pandora", ese "Made in Spain" que saldrá a la luz en el mes de mayo. Ahora toca EEUU, si bien la trama de "Los idus de marzo" sería fácilmente localizable en el proceso electoral de cualquier sistema democrático.
Le doy la razón a mi colega Deckard, patrón del estupendo blog "Tribulaciones de un replicante", cuando comparó "Los idus de marzo" con "El ala oeste de la Casa Blanca": comparar desde la inferioridad evidente de la última de George Clooney respecto de la fascinante serie creada por Aaron Sorkin. "Los idus de marzo" se queda en remedo de capítulo largo de aquella (tampoco tan largo: a mí me parece que "Los idus de marzo" termina antes de tiempo y de forma algo abrupta) pero con un empaque menor que el de cualquier guión (¡qué diálogos!) de cualquier entrega de las primeras temporadas del mandato presidencial-televisivo de Martin Sheen (Bartlet for America!). Del filme habrá que destacar su gran reparto: Ryan Goslin y George Clooney, claro: pero más aún y sobre el resto, Paul Giamatti y Philip Seymour Hoffman: tiburones de campaña electoral de vuelta de todo, de chaqueta arrugada con manchas de café y hálito de nicotina y que aportan credibilidad frente a los dones poco argumentados de Goslin y Clooney.
A Nixon Gerald Ford, su sucesor, su vicepresidente, le concedió el indulto total. Los muertos bien enterrados en el jardín: en política es muy difícil hacer justicia, proclama George Clooney en su película. Pero, por si acaso, abrígate, presidente, que todavía estamos en marzo.
Le doy la razón a mi colega Deckard, patrón del estupendo blog "Tribulaciones de un replicante", cuando comparó "Los idus de marzo" con "El ala oeste de la Casa Blanca": comparar desde la inferioridad evidente de la última de George Clooney respecto de la fascinante serie creada por Aaron Sorkin. "Los idus de marzo" se queda en remedo de capítulo largo de aquella (tampoco tan largo: a mí me parece que "Los idus de marzo" termina antes de tiempo y de forma algo abrupta) pero con un empaque menor que el de cualquier guión (¡qué diálogos!) de cualquier entrega de las primeras temporadas del mandato presidencial-televisivo de Martin Sheen (Bartlet for America!). Del filme habrá que destacar su gran reparto: Ryan Goslin y George Clooney, claro: pero más aún y sobre el resto, Paul Giamatti y Philip Seymour Hoffman: tiburones de campaña electoral de vuelta de todo, de chaqueta arrugada con manchas de café y hálito de nicotina y que aportan credibilidad frente a los dones poco argumentados de Goslin y Clooney.
En esta nación puedes invadir un país, puedes iniciar una guerra sin motivos, pero no puedes follarte a una becariaMe gustó mucho "El desafio: Frost contra Nixon". La dimisión forzada de Richard Nixon desmiente esa frase que se pronuncia en una escena de "Los idus de marzo". A él lo echaron por otros motivos, aunque lo echaron por motivos nimios (en el sentido de la frase) si los comparamos con algunos "logros" como, por ejemplo, el menos conocido de fulminar la sanidad pública en Estados Unidos (ver "Sicko", de Michael Moore). Nixon inició un proceso histórico de desconfianza hacía la clase política: una de sus mayores contribuciones fue conseguir que se le ponga el sufijo gate a cualquier escándalo político estadounidense. Tricky Dick: Dick el tramposo. El líder político es un trilero (pido perdón a los trileros), un tramposo dispuesto a todo con tal de alcanzar el poder. Un tramposo y por tanto un traidor, pero un traidor que, toda precaución es poca, exige lealtad absoluta de los que le rodean: ¿Tú también, Bruto?
A Nixon Gerald Ford, su sucesor, su vicepresidente, le concedió el indulto total. Los muertos bien enterrados en el jardín: en política es muy difícil hacer justicia, proclama George Clooney en su película. Pero, por si acaso, abrígate, presidente, que todavía estamos en marzo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



