Dreamworks Animation ha producido varias películas realmente buenas: "Kung Fu Panda", "El origen de los guardianes", "Cómo entrenar a tu dragón" o "Los Croods" (otras franquicias como "Shrek" o "Madagascar" han tenido enorme éxito pero no entran en mi lista de preferencias). Destacadas películas de dibujos animados que no eran la que lleva por nombre "Home". En esta ocasión, como en muchas otras, se adapta a la pantalla un cuento infantil, un best seller en Estados Unidos, que teje una historia de amistad chachi entre un alienígena tontuno y una niña perdida que busca a su mamá. Con esos postes extiendan ustedes el resto, sustrayendo de la mente lo más básico para generar hora y media de entretenimiento familiar sin muchas pretensiones. Gracietas fáciles de choque cultural (la alianza de civilizaciones trasportada a la "tercera fase" de la animación por ordenador), aderezadas de empacho cromático, incluido el colorido multiétnico, y de cosmopolitismo globalizador, que para eso hay compañías aéreas de bajo coste deseando vender billetes (a cualquier precio). Y de modo subliminal, o no tanto, un anuncio publicitario de principio a fin: el de la cantante Rihanna: omnipresente pop de ínfimo nivel a lo largo de todo el metraje, al que se le añade que la conocida (supongo) diva mezzosoprano (dice Wikipedia) de las pistas de baile, otorga su voz a la niña protagonista en la versión original de la película.
Si la banda sonora no tiene encaje racional en la trama, la trama a su vez no tiene por dónde cogerse. Uno de los peores vicios de las películas pensadas (demasiado suponer en este caso) para los niños, es tomar a estos por tontos y llenar los fotogramas de dosis desequilibradas de candor y pedorretas, como si el coeficiente intelectual de los menores de 12 años fuera digno de la sinapsis de las estrellas de mar (un saludo a Patricio Estrella, por cierto). Además la acción se desarrolla a toda castaña, de modo que el menor atisbo de comprensión del relato queda anulado por la avalancha de fotogramas: rodajes patrocinados por los fabricantes de Ritalín. La verdad es que dan ganas de que los marcianos nos invadan de verdad, y de que el ser humano, al fin, evolucione, empero retornando al estado primigenio y plácido de la ameba, ese humilde microorganismo que le da pinta a los Boov que salen en la película, una especie de allende las galaxias que está muy avanzada tecnológicamente y que sin embargo es imbécil. Dense un paseo por la calle y contemplen a sus conciudadanos mirando hipnotizados su smartphone. Ya están aquí.


