Cuéntame un cuento. Mejor, cuéntame seis: "Pasternak", "Las ratas", "El más fuerte", "Bombita", "La propuesta" y "Hasta que la muerte nos separe". Seis, seis cortometrajes por el precio de un largo, un festival de relatos cinematográficos de autor. En Argentina ha arrasado, allí, en la meca de las agencias publicitarias: comerciales de medio minuto capaces de condensar tramas de rápido ingenio que hacen lamentar que el programa televisivo continúe su emisión. En Argentina se desarrollan estas historias, con el dedo puesto sobre Buenos Aires, ciudad que, por lo visto en la proyección, debe estar bastante cabreada, muestra avanzada de muchas otras urbes colmadas de habitantes que están a punto de explotar de ascopena. Y de rabia.
Películas ómnibus, un género promiscuo en el que abundan los ejemplos. Al igual que en "Relatos salvajes", puede ser un director para todo ("Night on Earth" de Jim Jarmusch, "Creepshow" de Georges A. Romero, incluso películas episódicas que confluyen de algún modo como "Vidas cruzadas" de Robert Altman, "Crash" de Paul Haggis, "Babel" de Alejandro González Iñárritu, "Grand Canyon" de Lawrence Kasdan) o un responsable de la firma de cada capítulo ("En los límites de la realidad" de Landis-Spielberg-Dante-Miller o "Historias de Nueva York" de Scorsese-Coppola-Allen), una autoría compartida que produce resultados más irregulares, a mi entender: mezcla de churras (o churros) y merinas. Pero pongamos un caso singular reciente que sirva de recomendación. Bueno, que sean dos (o tres), uno para el celuloide, la película "Gente en sitios" de Juan Cavestany, donde el corto pasa a ser micro, pasajes descolocadores que sitúan la mente del espectador en terrenos que no suele frecuentar, y otro para el papel, los libros de relatos "Como una historia de terror" o "Bajo el influjo del cometa" del escritor Jon Bilbao: lo cotidiano rebelándose contra su mediocre condición.
A su vez recomendar esta película de Damián Szifrón (triunfo de boca-oreja) que logra un excelente resultado apuntando hacia una línea virtuosa de violencia engendrada por la venganza. Virtuosa en lo cinematográfico, se entiende. Aunque tampoco es que sea un dechado de originalidad: más de un déjà vu escondido tras los fotogramas. El director incluso no duda en empuñar, en alguno de sus cuentos, el conocido rifle de Chejov. Se atribuye a a Antón Chéjov, cuentista por antonomasia, la siguiente sentencia: Si en el primer acto tienes un rifle colgado de la pared, entonces en
el segundo o en el tercer acto debe ser disparado. Si no, no lo pongas ahí. Szifrón toma buena nota de esta ley del relato corto, un formato que funciona sin necesidad de subtramas y en la que todo lo que aparece tiene su importancia y acarrea consecuencias: consecuencias catastróficas: apunta y después dispara.
¿A quién no le gustan los cortometrajes? El cine en los tiempos del puñetero tweet. Lo bueno si breve... Pues no, si es bueno y extenso, mejor que mejor. ¿O no?



