Cine político, cine social. Buen programa doble para un 1º de Mayo. Tres décadas de repaso de la historia de Polonia, desde los años 50 a los años 80 del siglo XX. Desde el estajanovismo, como símbolo de superación heroica, impuesto por la cultura del trabajo del omnipresente régimen soviético de Stalin, hasta los movimientos huelguistas protagonizados por el sindicato Solidaridad, liderado por Lech Walesa, y que tuvieron como principal "campo de batalla" los astilleros de Gdansk. Del cierre a la apertura: de un bigotudo a otro.
La clase obrera siempre debajo, siempre defraudada. La gran marcha de la izquierda que se dirige, ingenuidad de la esperanza, hacia el mismo sitio donde empezó. Un ciclo sin fin, una rueda exhausta, una opresión constante. Los ciudadanos aúpan al poder a unos líderes políticos que, más pronto que tarde, se vuelven contra ellos, con una frialdad y una dureza sorprendentes: la perdida de la inocencia llega sin anunciarse. Cría cuervos. ¿Qué esperabas? No existen los salvadores de la patria, sólo los vendedores de la nación. Pero la gran marcha de la izquierda no termina, a pesar de todo. Esta mañana, en la manifestación del 1º de Mayo, otra vez más, otra vez en la calle: dejarse ver, dejarse oír.
Andrzej Wajda es el cronista imprescindible, para los cinéfilos foráneos, del último siglo de la historia de Polonia. "El hombre de mármol" y "El hombre de hierro" comparten actor protagonista, Jerzy Radziwilowicz: del albañil Mateusz Birkut, héroe del pueblo, instrumento de propaganda prosoviética, a su hijo Maciej, figura clave en el sindicato huelguista. En ambas películas la imagen y el cine tendrán un carácter trascendental, un actor más en la trama: como herramienta idónea para sacar la verdad a la luz o para encubrirla en la mayor de las tinieblas. En ese sentido Wajda se afirma en su posición de cineasta comprometido, dispuesto a apoyar incondicionalmente la posición de Walesa en contra del gobierno comunista de Jaruzelski, un sistema que, ceguera histórica, estaba al borde de la extinción. A Wajda, como a Kieslowski, se les asocia al llamado Cine de la Angustia Moral, un cine existencialista y subversivo. A mí, sin embargo, me parece que Wajda tiene mucho sentido del humor, no en los hechos que cuenta, más bien en cómo lo cuenta. Será la buena cara del mal tiempo. Será.


