"Antonio Banderas presenta...". El tirón publicitario del actor malagueño en todo el mundo puede ser acicate para que esta producción española de animación alcance eco internacional, un éxito que sería realmente merecido. La compañía Kandor Graphics, con sede en Granada, ya había conseguido ser premiada en los Goya por la película "El lince perdido" y el cortometraje "La dama y la muerte", este último incluso obtuvo una candidatura al Oscar: no, no son unos aficionados ni unos recién llegados en esto de los dibujos animados por ordenador. "Justin y la espada del valor" posee una factura impecable: el diseño de personajes, los escenarios, la expresividad, la acción, la iluminación, el nivel de detalle, todo cuidado al máximo y con un nivel de calidad sobresaliente, signos inequívocos de una industria preparada y madura, como apuntalan otros triunfos taquilleros recientes de la animación española, "Planet 51" o "Las aventuras de Tadeo Jones".
Justin, un joven de la época medieval, se debate entre estudiar Derecho para complacer a su padre o vestir armadura y desfacer entuertos siguiendo los pasos de su abuelo. 'Qué te metes Don Quijote "pa" flipar con los molinos', cantaban "Fito y los Fitipaldis". La caballería andante ya era un anhelo pasado de moda en el siglo cervantino, un ideal, el mito quijotesco, que siempre ha sido más protagonista de la literatura y de la leyenda que de la vida real: el héroe, ese desconocido. Mejor hazte abogado, nene. Y si puede ser abogado metido en política, mejor que mejor. Sin embargo la profesión no tiene por qué condicionar el espíritu, y el mensaje de la película en ese sentido es ambiguo, falto de maniqueísmo, dotando a algunos de sus personajes de facetas que impiden determinar si se es del grupo de los buenos o de los malos. Pero el guión de "Justin y la espada del valor" no será su punto fuerte. Hay cierta tendencia en el cine de animación a llevar referencias del presente hacía la representación del pasado, aún peor, de incluir factores del mundo adulto, transportados a una película infantil: un mago incomprensible (su necesidad y su verbo) que habla, tal cual, como el televisivo Carlos Jesús (¿sigue en antena o hace años que partió hacía "Ganímedes"? ¿Algún menor de diez años le ha visto alguna vez?), una facción de villanos caracterizados como cartas de la baraja española (¿cuántos niños de ahora juegan a la brisca? ¿Está el tute en el play store de Android?) que a mí ciertamente me ha gustado o una taberna gestionada como un restaurante fast food. Los niños no se ríen con esos detalles, no les cogen la gracia, y son directamente conducidos al despiste en algunos, aunque escasos, momentos. Además se ha tenido poco cuidado en mantener la fluidez de la historia, en el encadenado entre diferentes escenas: guión abrupto y embarullado a ratos. De cualquier modo el balance para el público infantil, un público exigente y que no se deja escamotear con facilidad, será positivo. Lo pasan bien con Justin, algo que no es poco.


