Hell or High Water, en su título original, una expresión que se podría traducir por contra viento y marea, la determinación insobornable de llevar algo a cabo. Un par de desperados, al igual que aquellos forajidos que surgieron de la Gran Depresión de principios del siglo XX, en Estados Unidos, nombres míticos como el del cinéfilo John Dillinger o la no menos cinematográfica pareja formada por Bonnie Parker y Clyde Barrow. Bandoleros fugitivos que recabaron sin problemas el apoyo popular de su época hasta transformarse en héroes de la clase trabajadora: corre y despluma al banco que ha estado robándome durante tantos años.
Otra película de bank robbers, una que se podría clasificar simplemente como una más sino fuera por su poderoso trasfondo social. La cinta desvela dónde hay grandes posibilidades de encontrar la veta de descontento de la que se ha alimentado el actual inquilino de la Casa Blanca: la equis sobre el mapa: polvorienta tierra de oportunidades abandonada a su suerte: los blancos que echaron a los indios, los bancos que echaron a los blancos. Three tours in Iraq, but no bailout for people like us, reza una pintada sobre un muro desolado: dar todo, la propia vida, y recibir olvido como moneda de cambio.
John Sayles con "Lone Star" adornó el western fronterizo moderno de realismo mágico, la reciente "600 millas" de Gabriel Ripstein traspasó la frontera para destapar el lado más salvaje de la hipocresía estadounidense hacia su vecino del sur y los hermanos Coen dejaron a un lado su sentido del humor adaptando la literatura rotunda de Cormac McCarthy en "No es país para viejos". Ninguna de ellas contaba nada bueno: pocas esperanzas al sur del río Pecos. "Comanchería" no les llevará la contraria.



