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jueves, julio 17, 2014

"Warrior", de Gavin O'Connor

El género de "combates" es muy amplio. Se puede incluir en él, como apartado más prestigioso, el dedicado al boxeo. El deporte de las doce cuerdas ha dado lugar a películas que brillan con fuerza en la historia del cine ("Toro salvaje" de Martin Scorsese, "Fat city" de John Huston,...), un éxito que tiene como uno de los ejemplos más recientes (bueno, ya pasó casi una década, ¡date cuenta!) la multipremiada "Million Dollar Baby" de Clint Eastwood. Y también se puede incluir, las cosas como son, un surtido casi infinito de macarradas infames que poblaban la estantería especializada del videoclub del barrio (de eso han pasado más décadas aún, me temo). Un catálogo ingente en el que lo menos que se puede pedir es que la película esté bien hecha, bien realizada, y que las actuaciones sean convincentes. El resto de ingredientes, ya se sabe: la venganza, el maniqueísmo: héroes y villanos de identificación rápida para el espectador: sentimientos básicos. Y toneladas de hostias pardas. Cuanto más alejada se encuentre la cinta de ese efectismo barato, mucho mejor será el resultado.

"Warrior" comienza muy bien, sólo sea porque suena un tema de "The National", una de mis bandas favoritas, acordes musicales que tendrán la buena idea de volver a aparecer a lo largo del metraje. Nick Nolte interpreta al padre de dos tipos que se van a meter en una jaula a partirse la crisma en un torneo llamado "Sparta", un certamen de postín, televisado, a lo "Pressing Catch" pero sin tongo, con un estilo de pelea mezcla de kick boxing y lucha grecorromana. Uno de los hermanos es un excombatiente de la guerra de Irak, más zumbado que las maracas de Machín, y el otro es un profesor de física de instituto que necesita el dinero del premio al ganador (5 millones de dolares) para pagar la hipoteca. Esto último no debería sorprender a nadie, sobre todo a los seguidores de la serie "Breaking Bad":  el ínclito Walter White pasaba de enseñar química en la aulas a practicar diestramente con la materia, hasta llegar a convertirse en un tremendo narcotraficante: todo sea por llegar a fin de mes. El guión de "Warrior" se salpicará con clichés a punta pala del género: el alcoholismo, el origen irlandés, la patria y la familia, el combate ganado en el último suspiro, algún ruso invencible y, claro, una buena catarsis final. Una de tantas pero no es de las malas, no. ¿Cómo lo sé? Pues porque los videoclub de los 80 hicieron mucho por asentarme el criterio en el tema, a qué negarlo.