¿Puede una persona, una sola, ganar una guerra? Seguramente no, seguro que hacen falta muchas más, sobre todo teniendo en cuenta la dimensión de un conflicto como la Segunda Guerra Mundial. La película, sin embargo, insistirá bastante en esa versión mesiánica, en colocar al matemático Alan Turing como al gran héroe desconocido (al menos fue así de desconocido hasta los años setenta, en los que empezaron a desempolvarse documentos clasificados de tres décadas antes) que consiguió un logro vital para el lado Aliado al encabezar el proyecto Ultra, un enorme esfuerzo técnico que culminó con el éxito de reventar el sistema de cifrado de la máquina Enigma, aparato utilizado por el ejercito alemán para sus comunicaciones secretas y que tenía fama de indescifrable.
Alan Turing era un nombre que aparecía habitualmente en las clases a las que yo asistía en la facultad. Curso tras curso eran varias las asignaturas en las que las ideas del británico servían para introducir un tema relacionado con problemas de inteligencia artificial, computación, automatismos, lógica, algorítmica, criptografía... Un genio indiscutible. Alan Turing es uno de esos tipos que, durante la primera mitad del siglo XX, revolucionaron el panorama científico mundial y anticiparon la llegada de una sociedad tecnificada hasta límites que sin duda hubieran desbordado sus más osadas previsiones teóricas. Pero, al parecer, Turing era homosexual. Ese "pero" que acabo de redactar parece una colosal estupidez, mas resultó ser importante para la sociedad en la que a Alan Turing le tocó vivir. Importante y trágico.
Película sensiblera, efectista, con un guión repleto de frases facilonas y autocomplacientes hasta forzar un cierto rubor de vergüenza ajena en el espectador atento. La biografía da paso al panegírico indisimulado (aquello del mesías heroico que mencioné al principio: supongo que la trama fuerza la nota para poner de relieve y de forma irrefutable la iniquidad de la "recompensa" que obtuvo Turing por sus servicios a la patria), y la cinta apunta certera y sin el mínimo temblor hacia los próximos premios Oscar (de momento a las nominaciones que se anunciarán en breve). Al director noruego Morten Tyldum le conocía de su anterior película, "Headhunters", un thriller nórdico bastante interesante, alejado del tono de "The Imitation Game". Pero el que no parece haber variado mucho el tono para realizar esta película es el protagonista, Benedict Cumberbatch, al que su "Sherlock" televisivo no cabe duda de que le sirve de pauta para ponerse en la piel de Turing. Sí, el taquillazo fácil, a qué negarlo, pero su vocación de denuncia de la injusticia histórica que se perpetró contra el personaje retratado hacen de "The Imitation Game" no sólo una película recomendable, sino obligatoria.



