-Tu n'as rien vu, à Hiroshima. Rien.
-J'ai tout vu. Tout.
"Hiroshima mon amour"
Quedará anclado en la memoria, epitafio insólito, la imagen de la muerte que se anuncia al cineasta como propia, en una cinta que resulta ser la última: ¿cómo saber que la obra a la que te dedicas será, realmente, tu última obra? Morir rodando. Alain Resnais tenía 91 años cuando rodó "Aimer, boire et chanter" y murió poco después del estreno de la película en el Festival de Berlín de 2014, donde recibió el premio FIPRESCI del certamen y el Alfred Bauer, un premio que se otorga a películas que introducen alguna innovación en el arte del cine.
Un cineasta inquieto que se había asomado a todo, al musical, a la comedia, al cómic, al drama más intenso, al documental más doloroso, y que en todo intentaba aportar un punto de vista inédito, siempre en vanguardia, en la vanguardia de lo que aún no existía. No es extraño que encabezara la Nouvelle Vague junto a Godard y Truffaut, y los años de edad que le sacaba a ambos habían sido empleados en películas de referencia: sí, a lo último de lo último llegaba Resnais con ventaja de esforzado escalador del Tour. Desde "L'aventure de Guy" un corto que dirigió con 14 años, en 1936, pasando por su primer largometraje de 1946, "Schéma d'une identification", la existencia de Resnais, hasta su muerte, se la pasó mirando por una cámara. "Guernica", "Las estatuas también mueren", "Noche y niebla", "Toda la memoria del mundo", "Hiroshima mon amour", "El año pasado en Marienbad", "Muriel", "La guerra ha terminado", "Lejos de Vietnam", "Stavisky", "Mi tío de América", "Smoking/No smoking", "On connaît la chanson", "Asuntos privados en lugares públicos", "Las malas hierbas". El cineasta de la Memoria deja un legado cinematográfico eterno.
Al final de su carrera Alain Resnais se dedica a realizar una serie de comedias burguesas, de tono un tanto "geriátrico", con actores de cabecera como Sabine Azéma (su mujer desde 1998), o André Dussollier, y desgranando de fondo argumental las historias del autor teatral Alan Ayckbourn. Al teatro se dedica, sin la menor duda, "Aimer, boire et chanter" (basada en la obra "Life of Riley" del mencionado Ayckbourn). Tres parejas maduras, ociosas, encantadas de la vida, cuya tranquilidad se ve incomodada por un séptimo en discordia, George Riley, el amigo en fuera de campo, demiurgo travieso que juega con los sentimientos de sus queridas amistades, enredos con aire de entretenimiento cortesano: marionetas manejadas por el titiritero oculto: el propio director, qué duda cabe. El triángulo geográfico de las localizaciones, una casa de cada pareja en cada vértice, se delimita a la perfección por la colaboración del dibujante Blutch, otro habitual en la última época de Resnais. Esos dibujos ayudan a identificar la trama por medios inusuales en el cine: Lars Von Trier demuele los decorados en "Dogville" y Alain Resnais los vuelve a colocar en su sitio, recuperando para el cine la condición primordial de teatro rodado.
L'amour fou. Si no fuera por ese final, esa postal dirigida a un epílogo vital, la película no hubiera provocado más que sonrisas benevolentes. Pero ese final... Eso lo cambia todo.
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martes, septiembre 15, 2015
martes, noviembre 29, 2011
"La guerra ha terminado", de Alain Resnais
Hace poco que falleció Jorge Semprún. La mayoría le recordará como escritor. Su época de fama y fulgor novelístico, fueron los años 70: premio Planeta del año 1977 con su obra "Autobiografía de Federico Sánchez". Muy conocida fue también su trayectoria política: Ministro de Cultura entre 1988 y 1991 y, mucho antes de eso, dirigente comunista en el exilio (el narrador clarividente de "La guerra ha terminado", película del año 1966, anuncia el paso probable de la clandestinidad al gobierno de una nación cuando triunfan las revoluciones: Felipe González debió haber visto la película y quizá le quiso hacer una jugarreta al destino con uno de los mayores símbolos de la lucha antifranquista). Y siguiendo hacia atrás en esa trayectoria aparece Semprún prisionero del campo de concentración de Buchenwald, donde fue a parar por ser miembro activo de la resistencia francesa (además de por ser hijo de un destacado republicano) durante la Segunda Guerra Mundial: rojo partisano.
Y también fue guionista de cine: intelectual completo, una figura que no abunda. Esa faceta cinematográfica podría ser la más desconocida en España, pero sin duda fue un guionista de éxito: dos nominaciones a los Oscar, la primera por "La guerra ha terminado" y la segunda por "Z" de Costa Gavras. No está nada mal.
En "Autobiografía de Federico Sánchez" (alias que oculta la identidad secreta del militante del PCE: nombres falsos para ocultar a indeseables del estado dictatorial que, sin embargo, nunca renegaron de su país sino que lucharon por él arriesgándolo todo), el escritor, aparte de poner de vuelta y media (venganza impresa e impresionante: ¡vaya repaso!) a Santiago Carrillo y a otros dirigentes del partido comunista de principios de la década de los sesenta que provocaron la expulsión de Jorge Semprún y de su compañero Fernando Claudín de la cúpula del partido por considerarles elementos disidentes (Semprún criticaba la realidad ilusoria que se había fabricado un movimiento de resistencia que, anclado a terroríficos traumas estalinistas, era incapaz de actuar según demandaba la situación social española y se esperanzaba en falaces convocatorias de Huelga Nacional Pacífica que, seguida mayoritariamente por el pueblo, lograse derrocar al dictador: nunca llegaba, nunca llegó: se murió él solo y no hubo más), aparte de eso, digo, retrata cómo era la vida ilegal del clandestino: de camarada en camarada, de panfleto en panfleto, de reunión en reunión. Planes y más planes para llegar a ninguna parte. Pasaportes falsos y vigilancia policial. Controles fronterizos y redadas por sorpresa. Captura y fusilamiento, como el de Julián Grimau."La guerra ha terminado" se puede considerar la puesta en imágenes de algunas de aquellas aventuras de Federico Sánchez. Sin duda será fiel reflejo de aquel ambiente, de aquellos años oscuros.
Alain Resnais, cineasta de la memoria, coloca los fotogramas en el álbum de recortes de la lucha antifascista desarmada mientras que Ives Montand, formidable protagonista de "El salario del miedo" de Henri-Georges Clouzot o de la mencionada "Z" de Gavras, será Federico. O Diego. O Domingo. O Carlos: múltiples nombres como cajas de muñecas rusas. Jorge, al fin.
Y también fue guionista de cine: intelectual completo, una figura que no abunda. Esa faceta cinematográfica podría ser la más desconocida en España, pero sin duda fue un guionista de éxito: dos nominaciones a los Oscar, la primera por "La guerra ha terminado" y la segunda por "Z" de Costa Gavras. No está nada mal.
En "Autobiografía de Federico Sánchez" (alias que oculta la identidad secreta del militante del PCE: nombres falsos para ocultar a indeseables del estado dictatorial que, sin embargo, nunca renegaron de su país sino que lucharon por él arriesgándolo todo), el escritor, aparte de poner de vuelta y media (venganza impresa e impresionante: ¡vaya repaso!) a Santiago Carrillo y a otros dirigentes del partido comunista de principios de la década de los sesenta que provocaron la expulsión de Jorge Semprún y de su compañero Fernando Claudín de la cúpula del partido por considerarles elementos disidentes (Semprún criticaba la realidad ilusoria que se había fabricado un movimiento de resistencia que, anclado a terroríficos traumas estalinistas, era incapaz de actuar según demandaba la situación social española y se esperanzaba en falaces convocatorias de Huelga Nacional Pacífica que, seguida mayoritariamente por el pueblo, lograse derrocar al dictador: nunca llegaba, nunca llegó: se murió él solo y no hubo más), aparte de eso, digo, retrata cómo era la vida ilegal del clandestino: de camarada en camarada, de panfleto en panfleto, de reunión en reunión. Planes y más planes para llegar a ninguna parte. Pasaportes falsos y vigilancia policial. Controles fronterizos y redadas por sorpresa. Captura y fusilamiento, como el de Julián Grimau."La guerra ha terminado" se puede considerar la puesta en imágenes de algunas de aquellas aventuras de Federico Sánchez. Sin duda será fiel reflejo de aquel ambiente, de aquellos años oscuros.
Alain Resnais, cineasta de la memoria, coloca los fotogramas en el álbum de recortes de la lucha antifascista desarmada mientras que Ives Montand, formidable protagonista de "El salario del miedo" de Henri-Georges Clouzot o de la mencionada "Z" de Gavras, será Federico. O Diego. O Domingo. O Carlos: múltiples nombres como cajas de muñecas rusas. Jorge, al fin.
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