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domingo, febrero 24, 2013

"Argo", de Ben Affleck

En noviembre de 1979 una turba de manifestantes invade la embajada de Estados Unidos en Teherán. Su protesta, motivada porque el gobierno de Jimmy Carter ha dado asilo al recientemente depuesto sátrapa de Persia, el Sha Reza Palevi, desemboca en la toma de la embajada y el secuestro de los trabajadores norteamericanos de la misma: 444 días retenidos: de Carter a Reagan. Seis de ellos logran escabullirse durante el asalto y terminan refugiándose en la embajada de Canadá, de donde salen semanas más tarde, camuflados con pasaportes canadienses, para tomar un vuelo que los devuelve a Estados Unidos. ¡Gracias, Canadá! La película de Ben Affleck se empeñará en quitarle el mérito a los canadienses, esos paletos que, como mostraba Michael Moore en "Bowling for Columbine", no son unos paranoicos hacia el otro, hacia el extraño, como demuestran sin rubor sus vecinos del sur de la frontera.

La necesidad del héroe absoluto de la sociedad estadounidense: impoluto, sin mácula, dispuesto a cualquier sacrificio. Veo "Argo" un 23-F, otra historia de rehenes, de conflictos ideológicos, de buenos contra malos, y TVE aprovecha la fecha del calendario para estrenar "23-F: La película" de Chema de la Peña, excelente película basada en el no menos excelente libro de Javier Cercas, "Anatomía de un instante" (lectura obligatoria, como la última novela de Cercas, "Las leyes de la frontera", sobre todo para aquellos a los que los términos torete o pico, les traiga a la memoria algo más que tauromaquia y albañilería). Aquella noche tremenda del año 1981 señaló sus héroes: los que no se tiraron al suelo, los que no apagaron la cámara, los que plantaron cara. Y, por supuesto, el rey. Ay, los claroscuros del héroe: Lo siento mucho; me he equivocado y... no volverá a ocurrir. Es complicado mantener la cualidad heroica en la exposición continuada de la vida pública.

"Argo" dramatiza un rescate audaz desde la figura del agente secreto Tony Méndez (Ben Affleck), miembro de la C.I.A., y toca colocarse medallas e infundir espíritu patriotero: somos los buenos, somos los héroes: los héroes de unos siempre son los villanos de otros. Recuerdo "Syriana", de Stephen Galan, protagonizada por George Clooney (uno de los productores de "Argo", por cierto) y me parece una película mucho mejor que "Argo" en lo político, mucho más profunda y reflexiva: "Argo" en algunos pasajes se limita a escenificar imágenes de telediario (como se presume, además, en los créditos) y tópicos de la profesión (por ahí aparece Bryan Cranston, nada menos que Mr. Walter "Heisenberg" White, reclamando un papel como protagonista). Y puestos a mencionar películas de temática parecida a "Argo" y que apuntan a superarla cinematográficamente, se puede nombrar "Carlos" de Olivier Assayas o "Münich" de Steven Spielberg.  Y, claro, la sensación televisiva que ha supuesto la serie "Homeland": ante las tramas que se esconden detrás de todos esos títulos, "Argo" resulta inocentona.

Pero "Argo" brilla en una faceta: "Argo" es una tapadera, una película dentro de otra (como en "Super 8", de J. J. Abrams: cineastas jóvenes volviendo la cabeza hacia sus referencias cinéfilas de infancia y adolescencia), un guiño a la publicidad gubernamental que enmascara cualquier escándalo (la crisis de los rehenes de Irán y la declaración de enemistad eterna hacia el régimen de los ayatolás, desmentida en el turbio asunto del Irán-Contra y la confesión del coronel Oliver North: todo está podrido). Esa parte del guión, conducida por los actores John Goodman y Alan Arkin, es de lo mejor de la cinta. La película tiene también buenos momentos de emoción, de suspense. No llegará a la "Cortina rasgada" de Alfred Hitchcock o "El premio" de Mark Robson (ni tampoco Affleck es Clooney en la mencionada "Syriana", ni mucho menos Paul Newman en las otras dos) pero mantiene la tensión para hacer creíble que la misión de rescate es tan difícil de realizar como, según se cuenta, fue. A mí me parece que exageran un poco. Por el Oscar, más.