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miércoles, septiembre 02, 2015

"Los Cuatro Fantásticos", de Josh Trank

El pasado mes de junio, el timonel del flamante blog "La bocina de Harpo" recibió como regalo, tras superar con brillantez sus obligaciones escolares, un libro titulado "Marvel 75 años: La era clásica", inmenso volumen de 700 páginas que recoge muchos de los mejores cómics de superhéroes que nunca se hayan realizado. En el año 1939 se publicó "Marvel Comics #1" en Estados Unidos, big bang del que sería, con el tiempo, el mayor universo de ficción del noveno arte. Pero ese número uno no es el que abre la recopilación editada por Panini (de hecho no figura en el volumen: al parecer se va a publicar un segundo tomo recopilatorio). Ese honor recae en un cómic publicado en 1962: "The Fantastic Four #1". Aquel tebeo creado por el guionista Stan Lee y el dibujante Jack Kirby, es considerado uno de los más importantes en la trayectoria de la editorial Marvel: las páginas que lo cambiaron todo, revolucionando un medio agonizante. Se había logrado un producto capaz de atraer tanto a lectores jóvenes como a adultos, llenando las viñetas no sólo con épicos combates contra malvados megalómanos, sino también contra los problemas cotidianos que un héroe, al parecer, padecía como cualquier otro ciudadano e incluso más: no es fácil conciliar la vida familiar y laboral cuando te dedicas a salvar el mundo.
El sábado La bocina de Harpo y Licantropunk se fueron al cine. La decisión del título de la cartelera para el que se iba a comprar la entrada estaba más que tomada, a pesar de los cantos de sirena (de sirena de alarma, es decir) que llegaban desde cualquier punto de la blogosfera: la película, proclamaban, no vale un pimiento. Pero a La bocina de Harpo y a Licantropunk, les gustó. El ático en el edificio Baxter lo reclama ahora una pandilla de jovenzuelos que han hecho desaparecer las sienes nevadas de Reed Richards. Así, el origen de Los Cuatro Fantásticos es trasladado a la época actual, desempolvando de este modo el miedo anticomunista que destilaban las circunstancias históricas del nacimiento de la saga, empleando, además, para "el viaje", una puerta a otros mundos, si bien éste sea un recurso muy manido últimamente en el cine sci-fi, como se puede comprobar en las recientes "Interstellar" o "Big Hero 6" (la aventura espacial de Reed, Susan, Ben y Johnny convertido en el clásico 'a que no hay huevos' de después de una noche de borrachera, leitmotif que sin duda aporta veracidad a la trama y que hace dudar al espectador de si el supergrupo no será en realidad oriundo de alguna noble zona del territorio español: como en un monólogo de Leo Harlem, si saben a quién me refiero). Y claro, unos efectos especiales que "son la caña (sic)".
Si algo se le puede achacar a la cinta es que consume más tiempo en colocar las piezas en el tablero que en jugar la partida, amén de que alguna de esas piezas no se haya modelado con demasiado acierto. Poca cosa, en mi opinión: esta película no es para dar saltos de alegría por el resultado obtenido, pero tampoco para despellejarla de forma inmisericorde. Las adaptaciones cinematográficas modernas de las aventuras de Los Cuatro Fantásticos ya tuvieron dos entregas anteriores, dirigidas por Tim Story y producidas por 20th Century Fox, con escasa fortuna a la hora de recibir críticas. Esta tercera resulta más estimulante que sus predecesoras pero parece que tampoco será capaz de triunfar en taquilla, aspecto obligatorio para que las productoras estén dispuestas a otorgarle continuidad a la serie. Sí, es probable que Los Cuatro Fantásticos de celuloide entren en vía muerta, envidiando desde el olvido de lectores y espectadores la suerte cinematográfica de sus colegas Los Vengadores. Una pena. Aunque la verdad es que yo me conformo con bien poco: escuchar a La Cosa gritar aquello de ¡Es la hora de las tortas! y salgo del cine tan contento.