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jueves, mayo 21, 2015

"Vengadores: La era de Ultrón", de Joss Whedon

De nuevo Joss Whedon al mando de la adaptación cinematográfica de los cómic del grupo de superheroes más formidable que nunca haya salido de una imprenta: lo escrito en su día para "Los Vengadores", hace tres años, aplica sin tener que cambiar ni una sola coma. Sí, más de lo mismo: de nuevo un malvado megalómano intentando culminar sus malévolos planes contra la desamparada raza humana, y de nuevo un esforzado, desinteresado, pero ni mucho menos indefenso, puñado de guerreros dispuesto a derrotarlo. Épica a raudales, característica definitoria del género que las capacidades técnicas del cine actual colocan al nivel de lo nunca visto, desplegando en la pantalla grandiosas batallas, espectaculares hasta el último fotograma, destrucciones masivas en las que Hulk sigue siendo el puto amo.
Esta entrega incorpora nuevos personajes (hijos de Magneto, sintezoides ingenuos y promesas de villanos) y verlos aparecer supone una emoción añadida para los que han disfrutado de horas y horas de devorar aventuras asombrosas editadas en papel barato. Es fácil: pasar las páginas de un catálogo infinito de misteriosos enmascarados dotados de facultades de semidioses y denominaciones de frenopático, señalar uno con el dedo y apuntarlo al club. Los Vengadores llegaron a tener decenas de miembros, altas y bajas en el grupo según la saga que tocara desarrollar, de modo que si se quisiera exprimir a conciencia esta gallina de los huevos de oro y aumentar el ritmo de producción de blockbuster de éxito seguro, los guionistas no iban a tener el menor problema a la hora de extraer tramas del baúl de los tebeos. La segunda parte de los Vengadores tiene el propósito loable de introducirse aún más en la psique de estos triunfadores que son un desastre en su vida privada. Incluso se intenta establecer conexiones sentimentales entre algunos de ellos: la bella y la bestia, la doncella que atrapa al unicornio. Y no falta mostrar las tenues barreras que separan al héroe del villano, al salvador del criminal de guerra, al ídolo del monstruo: un gran poder conlleva una gran responsabilidad y todo eso: los comic book se hicieron adultos cuando abandonaron plúmbeas tramas maniqueas y decidieron dotar de matices las esperadas viñetas semanales.
Queda también claro que las Gemas del Infinito son el Macguffin que sirve de hilo conductor de la inmersión cinematográfica en el Universo Marvel, al menos desde "Thor", dirigida por Kenneth Branagh en 2011. Las piedras de poder son un símbolo ancestral del ansia del hombre por poseer objetos mágicos, amuletos, talismanes, cualquier cosa que permita cumplir deseos y demoler barreras: la lámpara de Aladino, el Santo Grial o las bolas de dragón de Goku: fuentes de energía que, mal empleadas, pueden convertirse en un destructor total: fuerzas desencadenadas capaces de arrasar el planeta: pobre mono bípedo ahíto de sueños de grandeza. El héroe es el tótem antiguo que vence al demonio y que restablece el equilibrio, una figura intemporal que no pierde vigencia. Ahora se crece al margen de los tebeos, ay, el fin definitivo de la caballería andante, extinción de quijotes, y estos desheredados de la fantasía épica saben lo que se han perdido porque acuden en masa a presenciar este celuloide hiperrentable, una máquina de fabricar dinero que no tiene visos de querer parar. Por mí, que no lo haga.

jueves, mayo 17, 2012

"Los Vengadores", de Joss Whedon


Como un enano.

Creo que la apreciación exacta es que, al fin, se han revivido en una pantalla de cine los momentos más grandiosos de las batallas de superhéroes contra supervillanos que leímos una y otra vez, tebeos desgastados, en las páginas publicadas por la editorial Marvel (aquí en España lo publicaba Vértice -La Masa, Patrulla X, Dan Defensor-, desde que yo recuerdo, luego Forum -Hulk, XMen, Daredevil: se perdió el espíritu españolizante en los nombres-, y ahora la editorial Panini se encarga de las nuevas sagas).

En el año 2000 "X-Men", de Bryan Singer (el director de "Sospechosos habituales", nada menos: no se puede decir que en su filmografía posterior haya logrado algo tan brillante como aquella maravilla de 1995), fue la que dio el pistoletazo de salida al resto de fotogramas marvelizados: se puede aparecer en una película con mallas y antifaz y salir airoso del trance: se descubrió la forma, el camino a seguir, la estética aconsejable. Un par de docenas de producciones posteriores que habrán hecho las delicias o habrán supuesto el aborrecimiento de los fan: cuestión de gustos y afinidades. En lo bueno se puede destacar "Spiderman" de Sam Raimi, "Hulk" de Ang Lee, "Iron Man" de Jon Favreau o "X-Men: Primera generación" de Matthew Vaughn. En lo olvidable, "Los 4 Fantásticos" de Tim Story, o "Daredevil" (ay, Ben Affleck) y "Ghost Rider" (ay, Nicolas Cage) de Mark Steven Johnson. Y después, mucha clase media entretenida. Mención aparte para "El protegido" de M. Night Shyamalan: no lleva el sello de la editorial, ni Stan Lee hace un cameo, ni la cinta está llena de efectos especiales, pero quizás sea la mejor de todas.


En "Los Vengadores" un actor sobresale muchos escalones por encima del resto: Robert Downey Jr. interpretando el lado más irónico, descreído y extravagante del millonario Tony Stark. Contenido para no caer en la sobreactuación pero suficientemente hábil como para acaparar con total facilidad todos los planos que el resto de actores tiene la mala suerte de compartir con él. Stark es la nota de sentido de humor necesaria ante tanta trascendencia épica. Los Vengadores, el más alucinante grupo nunca reunido, una fachada de músculo y poder que oculta a unos pobres desgraciados llenos de problemas en su vida personal, repletos de dilemas morales y fragilidad sentimental. Ahí está el secreto del éxito de las tramas de los cómic, esa parte mundana del superhéroe: el médico cojo Donald Blake, el fugitivo Bruce Banner (¡La Masa odia a Banner!), el abuelo descongelado Steve Rogers, el enfermo del corazón Tony Stark. Unos cualquieras capaces de todo. Todos unos cualquieras menos Scarlett Johansson, por supuesto...

Para ver "Los Vengadores", si no se ha pasado la vista por muchas páginas del tema (¿a quién puede sorprenderle que el Helitransporte de Shield vuele?), conviene haber visto algunas de las últimas películas Marvel, sobre todo "Thor" de Kenneth Branagh (Kenneth Branagh, Bryan Singer, Ang Lee, Sam Raimi: el celuloide comiquero puede presumir de nombre en la firma, sin duda), que no es de las más recomendables del género pero que aporta gran parte del prólogo de "Los Vengadores". Loki, dios burlón, abriendo de nuevo las puertas de Midgard para conducir una invasión extraterrestre. Y... ¡qué batalla!¡La Masa a pleno rendimiento! No había visto nada igual desde que miraba aquellos tebeos en blanco y negro impresos en papel malo. Esta película logra acercarse bastante a aquello.

¡Vengadores reuníos!