Por favor, ¿me puede decir dónde están los discos de Aretha Franklin?, le preguntó el chico al bibliotecario. Éste, un tanto perplejo por la circunstancia inusual de que la solicitud la realizara un niño de 8 años, se levantó raudo de su asiento para acompañar al muchacho a la sección apropiada de la discoteca pública. Raudo, perplejo y quizás sonriente.
¿Aretha Franklin? Pues vamos a ponerle "Granujas a todo ritmo", o, mejor aún, "The Blues Brothers", que aunque sea lo mismo suena más auténtico, por algo el inglés es el idioma del rock, del blues, del soul o de cualquier otro estilo de música popular que merezca la pena ponerse a escuchar. Y vamos a disfrutar de una película de choques de coches y de canciones, poco más hay, nada más y nada menos, una sucesión alocada de números musicales y de destrozos de vehículos, increíbles montoneras de ellos, automóviles arrasando centros comerciales, cayendo desde alturas de aviación civil, saltando puentes, colapsando el centro de Chicago (la ciudad del viento convertida en un protagonista más) en persecuciones antológicas: mucha policía, mucha diversión.
Y mientras los fotogramas se agrietan con tanto siniestro total y tanta explosión, vibran también sacudidos por los temas interpretados (en la voz y la actuación) por mitos musicales como James Brown, Ray Charles, John Lee Hooker o la ya mencionada Aretha Franklin: el recuerdo de su "Think" arrojado a la cara del guitarrista Matt Murphy es la motivación primera de ver la película. El ritmo del celuloide se propaga sin remedio a la pierna derecha del espectador que, hechizo involuntario, no ha de parar de moverse hasta acabada la proyección (y gran parte de la post-proyección, me temo). Y vamos a flipar con el cameo apocalíptico de la princesa Leia, Carrie Fisher como una Tank Girl imparable, y con este guión tan pobre como innecesario, un hilillo argumental al servicio único de la pareja más groovy de la Historia del cine, los imposibles hermanos Blues, Jake y Elwood, John Belushi y Dan Aykroyd rompiendo el molde y creando una imagen inmortal: sin duda, una misión de Dios. A la cama poseídos por el swing, chasqueando los dedos y meneando la cintura. Everybody needs somebody... to love. Cuidado con las cult movies, sus efectos pueden ser hereditarios.



