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martes, junio 12, 2018

"El niño y la bestia", de Mamoru Hosoda

Hay un tema recurrente en las producciones cinematográficas que tienen a un público menor de edad como uno de sus objetivos de taquilla, y es el tema del escapismo adolescente: niños con problemas que son rescatados por una figura paterna de remplazo, generalmente un aventurero: el antihéroe indómito, rudo, guerrero mortal, que educa al chico con dureza, que le enseña a ocupar el espacio que un día quedará vacante. Ese arquetipo de carácter individualista y asocial, tiene a su vez su propio arquetipo en el cine japonés: el caradura desharrapado, vicioso y letal que encarnó como nadie Toshirō Mifune a las ordenes del maestro Akira Kurosawa en multitud de películas. No se puede dudar de que Kumatetsu, el oso que acoge al joven Kyuta, es Mifune, y su mundo de fábula poblado de personajes zoomorfos, el lugar perfecto para servir de refugio a los que dudan de que la sociedad moderna sea algo más que una oferta vital decepcionante.
La fantasía como tabla de salvación, imaginándose a uno mismo victorioso ante todos los peligros, problemas y dramas que se le pongan por delante. Múltiples ejemplos asaltaron las pantallas: "Raíces profundas" de George Stevens, "El profesional (León)" de Luc Besson, "La Torre Oscura" de Nikolaj Arcel, "El último gran héroe" de John McTiernan, "Dentro del laberinto" de Jim Henson, "El Club de los Poetas Muertos" de Peter Weir,... El camino iniciado por Mowgli en la jungla de "El libro de la selva" de Rudyard Kipling, encuentra ahora su paralelismo en un barrio oculto de la ciudad de Tokio, hábitat de los dioses japoneses de la naturaleza que han poblado el cine anime desde siempre, dejando muestra de lo intrincado que continúa estando el sincretismo religioso en la cultura nipona. "Pompoko", "Paprika", "La princesa Mononoke", "El viaje de Chihiro", "Ponyo en el acantilado" y muchos otros filmes de animación oriental a los que se le une "El niño y la bestia" para que niños perdidos y héroes solitarios sigan alimentando a la siguiente generación de cinéfilos: escapistas somos todos.