"Yo no pongo mi ignorancia en un altar y le llamo dios". M. Bakunin.Mijail Bakunin, al comienzo de su libro "Dios y el estado" (hoy mismo ha caído en mis manos como regalo de un diario español, como parte de una colección llamada Pensamiento Crítico; sí, ese periódico progresista; no, no es "La Razón"), habla de las primeras relaciones entre el Creador y su imagen y semejanza, según las cuenta el Génesis bíblico. Toda la Tierra a tu disposición excepto el fruto del árbol de la ciencia. Ese ni tocarlo. Pero el poder divino del Todopoderoso no debía ser tan grande: la mujer -la primera que alcanza el conocimiento- y el diablo son una combinación peligrosa (ver "La mujer pantera"). Dice el anarquista ruso: "El hombre se ha emancipado, se ha separado de la animalidad y se ha constituido como hombre; ha comenzado su historia y su desenvolvimiento propiamente humano por un acto de desobediencia y de ciencia, es decir por la rebeldía y por el pensamiento". De eso trata en esencia la película de Amenábar: de animalidad humana, de pensamiento y de rebeldía. Hipatia será la que encarne los dos últimos valores mencionados mientras que el primero se deja para los fanáticos cristianos de la época del emperador Teodosio el Grande.
Los conflictos religiosos han arrasado la historia de este planeta durante milenios, en nombre de unos entes que, como decían los autobuses de Barcelona, probablemente no existan. Creencias asentadas en dogmas inamovibles establecidos por una caterva de ignorantes: el conocimiento es un enemigo peligroso porque puede dejar al descubierto sonrojantes estupideces. De perseguidos a cazadores (esos terribles parabolanos) con el fin de acabar con todo el que piensa distinto o con todo el que piensa, sin más. Estampas de vidas de santos (aparece San Cirilo de Alejandría o San Taumasio, ese Amonio interpretado por Ashraf Barhom en una de las mejores actuaciones de la película) que ponen los pelos de punta.
La película es una gran producción: la pasta se ve en cada plano (recuerdo que en "Alejandro" de Oliver Stone recrearon la Alejandría de Tolomeo en un pobre decorado de flores de plástico y maquetas de cartón piedra que daba pena verlo). Los decorados, los vestuarios, la música: magníficos, dignos de un director que desde su primera obra ha puesto un cuidado obsesivo en los pequeños detalles que hacen creíble una trama, ya sea recrear una casa de fantasmas, la habitación de un tetrapléjico o el ágora de una capital del mundo antiguo. En cuanto al guión, a mi parecer la trama da lo mejor de sí al tratar la dimensión histórica de los acontecimientos y es más floja en cuanto a describir la vida intima, los sentimientos y las inquietudes de la sabia Hipatia. El clímax se produce a mitad de la proyección, en el asalto a la Biblioteca de Alejandría, mientras que al final hay un segundo intento de tensión dramática que no me parece tan logrado. De cualquier modo no peligra el resultado. Muy buena película de un director que hasta el momento no me ha decepcionado y sí me ha sorprendido. En más de una ocasión.
La cámara se aleja a altitud estelar para mostrar un puñado de hormigas insignificantes que se empeñan inútilmente en ser el centro del universo.



























