miércoles, agosto 15, 2007

"Roma", de Federico Fellini

"Fellini's Roma", su título inglés, indica sin rodeos de qué trata la película: la visión personal, personalísima, que el director tiene de la ciudad de Roma.
Comienza con la idealización del niño que escucha en la escuela hablar de historia antigua, del pasado de esplendor imperial, legendario: las frases de Julio Cesar, el mito fundacional de la loba que amamanta a Romulo y Remo (importante imagen felliniana). La familia entera que acude al cine (incluida la doméstica) y un plano contrapicado de la pantalla de cine vista desde la primera fila: cuando eramos niños la pantalla nos parecía aún más grande, colosal, y teníamos tendencia a colocarnos en las primeras filas: ahora nos costaría una tortícolis.
El primer viaje a Roma en los albores de la segunda guerra mundial, sitúa el centro de la nostalgia del director, los años felices del descubrimiento de la ciudad. La llegada en tren. La pensión llena de personajes estrambóticos. La cena en la calle entre vecinos, llena de gritos y algarabía: la alegría de vivir. Como colofón a este pasaje, una prostituta gorda entre las ruinas de los arrabales de la ciudad, señal de la perdida de la virginidad, de la inocencia.
La trama salta al momento del retorno a la ciudad treinta años después, la época actual para el año de realización de la película. En estilo documental, aparece el propio director, se accede a Roma por una autopista abarrotada, entre campos poblados de grúas y edificios en construcción. La lluvia, el humo, el barro, hacen que parezca un territorio de guerra, una advertencía al viajero que se adentra en terreno peligroso. Se puede interpretar como una dura crítica al crecimiento urbano caótico y esto quedará aún más patente cuando la cámara se introduzca en las obras del Metro, símbolo de la profanación de las raíces de Roma, de sus entrañas. Los obreros toparán con una antigua casa romana enterrada, un auténtico tesoro arqueológico con paredes llenas de magníficos frescos que se verán estropeados por el aire del exterior: la modernidad que rompe con la cultura tradicional, que no respeta las convenciones del pasado.
Tantas imágenes que merecen por si mismas una reflexión: el vodevil y sus actores aficionados y el público con su guirigay de gallinero; los ligues en el refugio antiaéreo; los burdeles para soldados de permiso que parecen manicomios y las casas de citas para generales y ministros, entre oropeles y terciopelo rojo; la decadencia de la aristocracia romana y el poder eclesiástico, Roma eterna, los auténticos reyes de Italia. Mención aparte merece el desfile de moda religiosa y su espectacular puesta en escena, la escena más característica de esta película: los curas en patines alcanzan antes la salvación: el mundo moderno debe adaptarse a la Iglesia, no al revés.
La riqueza inmensa de un cine extraordinario, audaz, lleno de sentido del humor y de simbolismo, sirve al director para enaltecer el pasado, su pasado, y mostrar su desilusión por el presente, su presente también ya que la película es del año 1972 y ahora los cosas son distintas. O no.

lunes, agosto 13, 2007

"Ratatouille", de Brad Bird

La historia del genio en la sombra o también del negro literario. En esta película es patente quién es el responsable de las extraordinarias recetas que asombran a los comensales del restaurante Gusteau's pero son muchas las ocasiones en las que es difícil distinguir la paternidad de la obra. Y me ha venido a la cabeza la reciente disputa entre Alejandro González Iñárritu y Guillermo Arriaga, director y guionista respectivamente de grandes películas como "Amores perros", "21 gramos" y "Babel". ¿Quién es realmente el autor de una película? ¿El director? ¿El guionista? ¿El actor protagonista? ¿El secundario que hace un gran papel, recibe un Oscar y saca una película del anonimato? (lo más justo, desde un punto de vista materialista, sería adjudicarle la película al productor, que para eso paga las facturas). No hay duda de que es un trabajo de grupo, solo hay que fijarse en las interminables listas de nombres que aparecen en los títulos de crédito. A diferencia de una novela o de un cuadro, que suelen ser tareas que se llevan a cabo en soledad (la soledad del artista), una producción cinematográfica moderna requiere de la participación de un ejercito de personas. Y si la victoria de Trafalgar se atribuye al almirante Nelson, que encima murió durante el combate, me parece justo que en el cine una película sea del director, el responsable de tomar las decisiones artísticas últimas que dan forma a lo que se va a ver en la pantalla. O así supongo que será en la mayoría de las ocasiones.
Brad Bird es director y a la vez guionista de "Ratatouille", así que supongo que no había ninguna rata tirándole de los pelos durante el rodaje (no se si es correcto llamar rodaje al periodo de tiempo durante el que se hace una película de animación: por extensión, lo usaremos: creo recordar que en "Monstruos S.A.", al acabar la filmación, se inventaban tomas falsas de los actores animados: muy divertido).
La compañía de animación Pixar es la reina indiscutible a la hora de realizar películas de dibujos animados generadas por ordenador, no solo por la calidad absolutamente perfecta de la imagen lograda, sino porque las historias que cuentan son originales e interesantes (no los revienta-clásicos que solía cometer Disney: ahora Pixar les pertenece por completo: la gallina de los huevos de oro). Y en este caso, la historia de la rata chef que despunta en la alta cocina, es una historia muy buena, muy recomendable. El éxito de los cocineros televisivos como Karlos Arguiñano, divulgadores de la alquimia de los fogones y las excelencias del perejil, o el prestigio enorme de Ferrán Adriá (ver el blog de El Especiero para más información sobre el chef de El Bullí) han acercado al gran público las caras de los protagonistas de las estrellas de la guía Michelín. Este película contribuye aún más a desmitificar el mundo de los menús a 300 euros (Anybody can cook, como dice el título del libro de cocina del minichef Remy). Pero también el mundillo malévolo de la crítica gastronómica y de cualquier otro tipo (del cine, por supuesto), con el personaje genial y arquetípico del crítico Anton Ego, frío y despiadado, que realiza una estupenda diatriba final contra la figura que el mismo representa.
Las roedores están de moda, en las pantallas de los cines y en los campos de Castilla, sin duda la película del verano.
Y la primera vez que Alicia ha ido al cine. Inolvidable.

viernes, agosto 10, 2007

"La noche de los girasoles", de Jorge Sánchez-Cabezudo

El precio de dar marcha atrás, de poder borrar de un plumazo las consecuencias del acto que nunca quisiéramos haber cometido. La violencia que se desata desnuda y que crea un punto de inflexión en la existencia del manso, del pacífico, del comedido, convirtiéndolo en un asesino impío. Se puede limpiar la sangre, esconder el cadáver, pero siempre quedará la culpa amarrada como una sanguijuela a la conciencia del culpable, más si, como es el caso, la víctima es un inocente, el cuerpo del delito que casualmente pasaba por allí.
Cine negro ambientado en la España rural que, como una especie de subgénero, suele contar historias de crímenes truculentos (hay otros ejemplos como "El séptimo día" de Carlos Saura, "Jarrapellejos" de Antonio Giménez Rico, "Pascual Duarte" de Ricardo Franco e incluso "El crimen de Cuenca" de Pilar Miró o, por qué no, "Los santos inocentes" de Mario Camus: grandes directores y alguna que otra obra maestra). Se introducen otros temas como el despoblamiento del campo, el tedio y la falta de oportunidades de la vida de los pueblos y, no podía faltar, los rencores y odios enconados entre vecinos de huerto.
La trama se aborda desde distintos puntos de vista de los personajes. El primero, el del verdadero criminal que en esta película actúa como Mac Guffin que desatará el resto de acontecimientos y el último, el del guardia civil que parece que va a resolver el caso pero que quedará atrapado en sus propios dilemas morales. Buenas actuaciones de excelentes actores y buen estreno para un director novel. La intriga se diluye un poco según avanza la película, puede que por cierta falta de ritmo o porque el desenlace final es un tanto ingenuo. Ese cabo de la guardia civil que haría morir de envidia al mismísimo Grissom del CSI de Las Vegas. Ese caimán.

miércoles, agosto 01, 2007

"El Séptimo Sello", de Ingmar Bergman

El caballero cruzado que juega al ajedrez con la muerte, sentados ambos entre las rocas de la costa del mar Báltico, en un atardecer apacible que alarga las sombras e ilumina los rostros. Escena clásica de la historia del cine, perteneciente a una película que cumple ahora cincuenta años y que la identifica aunque no la explique por completo. El juego solemne, lleno de gravedad, imagen tan poderosa, oculta otra parte de la trama mucho más mundana que transcurre entre amores pastoriles y bufonadas de juglares: los dos lados de la vida, conformados por tristezas y alegrías, aunque en la película predominen las primeras.
El guerrero retorna a su hogar tras pasar largos años luchando en un conflicto bélico sin sentido. Su fe empieza a quebrarse al sentir cerca el final de sus días, atormentado en la duda de la existencia de Dios, presencia intangible e inalcanzable que quizá no se trate más que del propio miedo a la muerte. La partida sabida perdida de antemano, será una excusa para ganar tiempo e intentar dilucidar sus inquietudes.
Se presentan sin ambigüedades todos los sufrimientos causados por el ideal cristiano del medievo: las sangrientas cruzadas, la quema de herejes, el dolor extremo de los penitentes, la identificación de la peste con la maldición divina. Si tanto sufrimiento no encuentra su justificación en la contemplación de Dios tras pasar el umbral de la muerte ¿de qué ha servido todo? Así, el escudero será el contrapunto pragmático y realista, como siempre, al ideal caballeresco: después no hay nada.
El director/escritor sueco plantea en esta película los problemas derivados de la fe más acusada con mano maestra, desde el profundo conocimiento de la religión y sin remilgos a su historia más cruenta. Murió hace dos días. Ya tiene la respuesta.

domingo, julio 15, 2007

"Takeshis´", de Takeshi Kitano

Takeshi Kitano, el director, se encuentra con Beat Takeshi, el actor. Trastorno bipolar de una figura acostumbrada a dirigirse a si mismo, artista poliédrico atrapado en su propia obra.
Ha obtenido reconocimiento internacional debido, en gran parte, a sus interpretaciones de un yakuza despiadado, hierático, imperturbable: apóstol de la ultraviolencia. Camino de éxito bañado en sangre, como se manifiesta en la secuencia del taxista que conduce con dificultad por una carretera sembrada de cadáveres. Sin embargo en esta secuencia, como en el resto de su obra, es otro el tono que también se distingue, un toque cómico de humor elemental, de gracia sencilla, inocentona: el taxi avanza despacio porque se han metido dentro dos personajes muy gordos. La misma risa que surge del público que contempla la patada en el trasero que un payaso le da a otro en la arena del circo es la que provocan los porrazos de los concursantes de Takeshi's Castle, o la carcajada que surge al oír la palabra malsonante pronunciada por Kikujiro: chistes intemporales y universales.
"Takeshis´" propicia el encuentro entre el director, el asesino y el clown. Da la impresión de que es el homicida el que predomina, sucediéndose las escenas de tiros en las que los mismos personajes mueren una y otra vez en tiroteos sin sentido, como indicándole al espectador que todo es una farsa, un espectáculo gratuito en el que el propio Kitano es acribillado a balazos y en los bultos de su chaqueta se adivinan los mecanismos que sueltan sangre de mentira: esto es lo que hay y júzgalo como quieras: el actor mata al director y lo libera de la esclavitud de su propia obra. No queda claro si quiere decirnos que por su parte se terminaron las películas violentas o justo todo lo contrario.
"Takeshis´" en plural reuniéndolos a todos, todos los posibles, todos los que ha habido, todo el ego resumido en una película, y también el apóstrofe del final indicando la propiedad, la responsabilidad y que es sin duda su obra más personal.

viernes, julio 13, 2007

Concierto de Miguel Bosé

Más allá de su música, que no me congratula nada salvo esas canciones que por oídas tantas y tantas veces suenan tan familiares como "La de la mochila azul" (y reconozco que tiene una buena voz, como ha demostrado esta noche: profunda, personal, grave: arrullando a los cientos de fans que han disfrutado con su concierto), me parece más interesante la estética del personaje. Su estilo camaleónico tiene paralelismo con la evolución del aspecto de David Bowie desde Ziggy Stardust hasta sus últimas experiencias con Tin Machine (me refiero a como lucen en las fotos, no a las melodías que interpretan, claro). Lo encumbró la televisión pública, donde apareció constantemente durante muchos años y supo jugar la baza de la ambigüedad sexual, usar los vestuarios más extravagantes y practicar los movimientos de baile más originales para mantenerse como referente de modernidad y rebeldía. Incluso tuvo programa propio, "El séptimo de caballería". Estar en el candelero: durante mucho tiempo fue el español más sexy en todas las encuestas habidas y por haber, inagotable fuente del deseo. Tu vales mucho, nene, hasta Almodovar se dió cuenta.
Resurge "Don Diablo". "Simpathy for the Devil" con ritmo de conga.

domingo, julio 08, 2007

"Mi Idaho privado", de Gus Van Sant

Dos jóvenes sin techo se prostituyen para ganar algo de dinero. Venden su cuerpo en los retretes públicos, al borde de las carreteras, en moteles de neón. A hombres o mujeres, al que le haga falta y este dispuesto a pagarlo. Sexo sin amor. Uno de ellos, Keanu Reeves, es un niño rico con porte de dandy, Oscar Wilde vagando entre vagabundos, con aire de suficiencia y rebelde despreocupación, dispuesto a cumplir su shakesperiana traición al lumpen que le venera, mesías de arrabal. El otro, River Phoenix, es un minino da rua sin vía de escape, chapero lunático que sufre de narcolepsía, que se despierta desamparado en medio de cualquier parte, de Idaho, de Portland, de Seattle, de Roma, y que persigue el rastro de su madre, detonante de traumas infantiles, para intentar frenar los ataques que van a terminar por sumirle en la más profunda locura.
La película no me ha gustado tanto como "Elephant" o "Drugstore Cowboy", quizá por el efecto teatral de algunos pasajes que buscan acercarla a la obra de William Shakespeare en la que se inspira, pero que la alejan del realismo preciso para vislumbrar el drama social y existencial que reside en el guión de la cinta (ya pasó algo similar en "Drugstore Cowboy"). El director se asoma a los ambientes gays más sórdidos, prostitución urbana de jóvenes adolescentes, aunque no le falta el sentido del humor a la hora de retratar algunas perversiones. Gran interpretación de los dos protagonistas. En algunas escenas parece que River Phoenix se haya ayudado más de la cuenta para obtener inspiración, sin embargo hay pasajes que recuerdan a las actuaciones del mismísimo James Dean.
River Phoenix murió de sobredosis el 31 de Octubre de 1993, con 23 años. Sí, la misma edad de Ian Curtis.

domingo, julio 01, 2007

"Pi", de Darren Aronofsky

Un matemático intenta descubrir el modelo numérico que permita predecir el comportamiento de la bolsa de Nueva York. Sin embargo su búsqueda no persigue un fin materialista, la bolsa es un terreno que permite una rápida comprobación de la exactitud de sus simulaciones. El problema real es la comprensión del mundo y de las leyes naturales que lo dirigen, el determinismo que surge de un comportamiento azaroso a primera vista: el orden que surge del caos. Teoría fractal, razón áurea, series de Fibonacci, atractores de Lorenz, el juego del Go o el número pi, son distintas formas de aproximarse a la solución final. Cuestiones que pueden sobrepasar la capacidad humana de entendimiento, de modo que el camino del conocimiento estará lleno de sacrificio, de sufrimiento, de obsesiones enfermizas (conozco a algún matemático que en algún momento de la carrera se le fundieron los plomos: alguno no ha llegado a recuperarse). Por tanto el conocimiento absoluto pertenecería al orden divino y en la película es la idea que predomina: en la cábala hebrea el que sabe la clave se acerca a Dios: la clave es el nombre verdadero de Dios.
El director intenta representar los procesos mentales del desesperado protagonista, su agónica tarea. Una mente alterada que se adentra en visiones surrealistas (hormigas dalinianas, retazos del Buñuel de "Un perro andaluz"), que se aparta del mundo que le rodea destrozado por la paranoia, la angustia que sacude su cerebro. El uso de drogas, prefacio de la siguiente película de Aronofsky, "Requiem por un sueño", como única forma de detener la idea que nunca descansa, de mitigar el dolor de la derrota, con un montaje frenético que ilustra la toma de cada dosis combinada con la música electrónica de fondo que no le da ni un respiro al protagonista.
Al final, sólo el idiota se puede permitir esbozar una sonrisa. Sólo el ignorante descansa.

sábado, junio 30, 2007

Concierto de los Rolling Stones

Aunque los credos se entierren en el polvo,
aunque la fe muera y los hombres olviden,
estos curtidos dioses de poder y lujuria
aún se aferran a la vida.

Viejos dioses que nunca mueren, malignos,
demacrados por las deudas pendientes:
incienso y fuego, sal, sangre y vino
y una musa con tambor

Robert Graves, "Proscritos"

Este poema, tan certero, figura al inicio de la biografía de los Rolling Stones escrita por Stephen Davis. Viejos dioses en edad, que no en capacidades. Así, un concierto de este grupo bien puede confundirse con una ceremonia religiosa, la celebración del culto al Rock & Roll. Un culto antiguo, además: me dijo Boris que la canción más moderna de las que interpretaron era "Start me up" y esta apareció por primera vez en el LP "Tatoo you" de 1981.
Cualquier historia de la música popular del siglo XX puede ilustrar su portada con el archifamoso icono de la lengua (un siglo en imágenes: la cruz gamada, la hoz y el martillo, la cara del Ché, el símbolo del átomo, etc.) y cualquier recopilación de canciones que se realice dentro de unos siglos y que pretenda acompañar esa historia, seguro que contendrá "Satisfaction": la cantaron a escasos metros de donde yo estaba: un gran recuerdo para la alforja.
Viejos dioses, ¿por qué siguen actuando?. Para saber que lo siguen siendo, por supuesto.
Simpatía por los Stones. Que sigan rodando.

domingo, junio 24, 2007

"Frágiles", de Jaume Balagueró

A esta misma hora se emite un programa de radio llamado "Milenio 3". Se dedica al campo de los sucesos paranormales, los avistamientos de ovnis, los crímenes que dejaron huella. Casas encantadas y apariciones fantasmales. En alguna ocasión han dedicado reportajes a edificios antiguos (la diputación de Sevilla, el palacio de Linares o el banco de España en Madrid), grandes mansiones históricas dedicadas ahora a labores públicas, donde se dice que suceden cosas extrañas. Oír hablar de ese tipo de temas, pasada la medianoche, puede hacer que te arropes más de lo acostumbrado y este programa lo lograba (ahora ya no, la verdad: todos estos sucesos carecen de la menor prueba en que apoyarse y en cuanto se indaga un poco, se desmoronan como un castillo de naipes: recuerdo las caras de Belmez y la decepción que me llevé cuando vi las fotos de las famosas "teleplastias": dibujitos de hollín encumbrados por algún teleplasta). Lo que más me llamaba la atención era el gran número de vigilantes nocturnos que llamaban al programa o mandaban mensajes, contando sus experiencias que, por lo general, tiraban a estremecedoras. Alguna vez me ha tocado pasar la noche en un hospital, acompañando a un enfermo, y he sentido cierta inquietud al ir a buscar una botella de agua a la máquina a las tres de la madrugada. Será sugestión por esos pasillos grandes y silenciosos, en penumbra, llenos de rincones oscuros. Será el olor químico que lo invade todo o los profundos suspiros de los ocupantes de las habitaciones. El hálito del dolor. Será eso.
"Frágiles" está ambientada en un hospital infantil que se encuentra en el fin del mundo y que se cae de viejo. Historia de fantasmas como tantas otras. Su virtud esta en la ambientación lograda. La segunda planta del hospital se presenta como un paraje de auténtica pesadilla, un pabellón abandonado y decrépito capaz de hacer que se desborde la imaginación del más templado. Jaume Balagueró ya apuntaba maneras en "Los sin nombre", demostrando que se podía hacer cine de terror sin caer en el susto fácil, el grito estridente o la sangre a raudales. Escenarios opresivos, personajes atormentados y siniestros: la mirada de los locos, de los deshauciados. "Frágiles" quizá sea un poco más comercial, construida para un público más amplio. Claro, la protagonista es Ally McBeal, nada menos.
En fin, a ver quien es el guapo que se atreve ahora a llegar hasta la cama.

domingo, junio 17, 2007

"El último rey de Escocia", de Kevin MacDonald

Los tiranos están llenos de amor al pueblo: padres de la patria, se llaman ellos mismos. El padre que debe mostrarse inflexible para educar a sus hijos. No llores, que más me duele a mi que a ti, que es por tu bien. Saturno devorando a sus hijos para que no le roben el trono.
Solo la muerte me apartará de mi misión sagrada, señalado por la divina providencia, caudillo por la gracia de Dios, cortaré la mala hierba. La confabulación extranjera y masónica, jamás demolerá la última reserva espiritual de Occidente. Ahora se celebran 30 años de la vuelta de la democracia, de la reinstauración del poder de las urnas en España. Un ciudadano, un voto. Habla pueblo, habla.
Pero también los dictadores tienen dudas, conciencia, y los cadáveres enterrados en el jardín tienen la costumbre de rondar las alcobas en la quietud de la madrugada. Nada mejor que buscar una voz ecuánime, un Pepito Grillo imparcial, que nos guíe por la senda de la rectitud y la justicia. Sin embargo, ese incauto sin miedo, asomado al balcón de su superioridad moral, corre el riesgo de acabar atrapado en la misma red que pretende cortar. La erótica del poder, la seducción del más fuerte. O simplemente que es más fácil cerrar los ojos y no ver.
La película cuenta el descenso a los infiernos del médico personal (no se si el doctor Nicholas Garrison existió en realidad o es una invención del guionista) del dictador Idi Amin Dada. Este militar alcanzó el poder en Uganda después de un golpe de estado y se mantuvo al mando del país durante los años setenta, implantando un régimen de terror que condujo a la muerte a cientos de miles de personas (¿ha habido alguna vez un dictador que no intentará el genocidio de la oposición? ¿Miguel Primo de Rivera, acaso?). La gran interpretación de Forest Whitaker le hizo merecedor del Oscar (aunque a mi me gustó más en "Ghost Dog"; claro, y también me gustó más aquella fantástica película).
Otro sangriento capítulo de la historia de Africa. Aquí dejo otro más actual.

domingo, junio 10, 2007

"24 Hour Party People", de Michael Winterbottom

En 1976 los Sex Pistols dan un concierto en una sala de Manchester. Asisten 42 personas. El escaso público lo forman entre otros Ian Curtis y Patrick Morrissey. Más tarde serían cantantes y compositores de dos grupos míticos: Joy Division y The Smiths, respectivamente (al parecer un actor iba a hacer el papel de Morrissey pero hubo problemas con los derechos de las canciones de The Smiths y el "cameo" fué eliminado de la película). Ese concierto se considera la chispa, hecho fundacional, Big Bang de la creación de esos grupos y de otros como Buzzcocks o Simply Red. Anthony Wilson, otro de los asistentes, periodista televisivo que presenta un programa al estilo de "La Edad de Oro", creará el sello Factory Records, produciendo entre otros a Joy Division y Happy Mondays y fundando los clubs Factory y The Hacienda. La película, en realidad, será la historia de esa compañia discográfica y de dos decadas de música popular en la ciudad de Manchester.
Tiene dos partes. La primera, centrada en Joy Division, llega hasta 1980. Ian Curtis se suicidará ese año. Poeta extravagante y depresivo, personalidad oscura, apocalíptica. Su grupo fué acusado de fascismo porque Joy Division era el mismo nombre que se le daba a las mujeres judías que eran sistematicamente violadas por los nazis en los campos de concentración. Era una epoca de grave crisis económica en el Reino Unido y partidos de extrema derecha como el National Front estaban en auge. Curtis apenas tenía 23 años cuando murió (Kurt Cobain, Jim Morrison, Janis Joplin y Jimi Hendrix, murieron a la misma edad: 27). Con esa muerte la película también cierra su primer acto: el nacimiento del Punk y la New Wave.
La segunda parte se centrará en el grupo Happy Mondays. Sus ritmos bailables nacen durante la explosión de la música House (aquel verano de los Smileys en la discoteca Tito's de Mallorca: por ahí debo tener el pañuelo) y el Rave. En la película se refleja perfectamente el ambiente en el que se impone el consumo de extasis frente al alcohol en las pistas de baile y el pinchadiscos pasa de ser medio a ser artista: el escenario está en la cabina y hasta el Gregoriano se puede bailar si la base rítmica es la adecuada.
Michael Winterbottom me dejó alucinado con "Wonderland" y lo vuelve a hacer con "24 Hour Party People". Sobre todo con la primera parte de la cinta: Sex Pistols, The Clash, Iggy Pop, Joy Division. Solo por eso ya merece la pena. Ahora a esperar el estreno de "Curtis". Para comparar.

domingo, junio 03, 2007

"The Corporation", de Mark Achbar y Jennifer Abbott

En el siglo XVIII se crearon en Estados Unidos las primeras corporaciones. Varios ciudadanos se juntaban y creaban una corporación que realizaba alguna tarea delegada por el gobierno en ellos, generalmente obras públicas como construir un puente, realizar un trazado de ferrocarril, etc. Tenían atribuciones limitadas a la misión para la cual se habían creado. Después de la guerra de Secesión se reformó la constitución para reforzar los derechos de los esclavos liberados con la redacción de la catorceava enmienda (estas famosas enmiendas de los estadounidenses: siempre que cometen alguna salvajada en el mundo existe alguna enmienda detrás que se lo permite). Se refería de modo particular al derecho a la propiedad privada y la adquisición de bienes. Las corporaciones se habían creado como si fueran una única persona a ojos del estado, con responsabilidad limitada. Los avispados abogados de las corporaciones (claro, si hay una enmienda hay un abogado detrás para exprimirla, para analizar los puntos y las comas, para despedazar el espíritu de la ley y extirpar cualquier derecho que defiendan) vieron aquí la oportunidad que estaban buscando para romper las limitaciones que el estado les imponía. Ciento cincuenta años después, tienen el mundo en sus manos.
El documental lo emite el canal Odisea en tres partes. Tiene el tono de las películas de Michael Moore aunque la gran cantidad de testimonios personales que se ofrecen al espectador, surgen de una apacible entrevista en un estudio y no de un aquí te pillo aquí te mato a la puerta del Capitolio. Entre otros hablan el propio Michael Moore, Naomi Klein, Noam Chomsky, Milton Friedman y también algún que otro consejero delegado (el reciente nombramiento del inopinado -así calificaba Millás al alcalde de Salamanca- Aznar: de momento es consejero a secas, pero todo llegará: Chaplin jugando con el globo terraqueo) de alguna gran compañía, que ha abandonado el lado oscuro y abraza el ecologismo de salón (como Al Gore, la novia cadaver de los demócratas, forrándose a base de dar conferencias vip; como el crecimiento sostenible de la publicidad de las petroleras o Hitler besando a un judío; o como yo mismo escribiendo esto en vez de echarme al monte). Esta noche he visto la primera parte, muy interesante, y tengo que enterarme de cuándo echan las demás. En esta se ha abordado el tema desde un punto de vista singular. Ya que las corporaciones tienen el status de personas jurídicas, este primer capítulo disecciona su comportamiento como si se tratara del paciente de un psiquiatra. Las grandes empresas en el diván. El diagnóstico no puede ser más esclarecedor: psicopatía.

martes, mayo 29, 2007

"Yo soy la Juani", de Bigas Luna

Bakalas, chonis, tunning, música máquina, pirulas: mundo solo apto para menores de treinta o mayores acompañados. Las conclusiones son demoledoras: a ellos solo les interesa irse de marcha, el sexo a discreción y ganar pasta para gastársela en que su coche sea el más hortera de todos; a ellas, irse de compras, triunfar al estilo OT y operarse las tetas: demasiados tópicos o quizá sean puñeteras realidades y a mi me pillan algo viejo y trasnochado.
Los retratos generacionales son ejercicios complicados en los que es fácil caer en la generalización cuando realmente se está presentando una porción mínima de la juventud de cualquier época. "Quadrophenia", "Rebelde sin causa", etc: cada cual que elija la suya. Yo me quedo con "Todo es mentira" de Alvaro Fernández Armero y me voy a Cuenca.
El director demuestra tener bastante buena puntería en la elección de los actores: convincentes y entregados, como pasa en todas sus películas. Su filmografía se distingue por potentes actuaciones llevadas al límite con una fuerte carga erótica, que en ocasiones roza la pornografía aunque este no sea el caso. De todas la que más me gustó fue "La teta y la luna" y su apariencia de cuento de amor circense. En "Yo soy la Juani" se atreve a mirar unas cuantas generaciones más abajo, a un mundo que supongo que no frecuentará demasiado pero que le debe atraer por encontrarse más allá del límite de la sociedad bienpensante, un muro por encima del que no se debe mirar sino quieres saber qué hacen en realidad tus hijos cuando salen por la noche. Hipocresía familiar. Aún así, me ha parecido una trama un poco floja.
Pero siendo consecuente con mi idea de que toda película tiene algo aprovechable, en este caso la banda sonora me ha permitido descubrir un estupendo grupo: "Facto Delafé y las Flores Azules".

miércoles, mayo 23, 2007

"Shaolin Soccer", de Stephen Chow

Hay una gran cantidad de películas que giran alrededor del mundo del deporte. La palma se la llevan las producciones americanas e incluso hay algunas bastante buenas como "Un domingo cualquiera", "Carros de fuego" o "Los búfalos de Durham" (dejemos aparte las de boxeo, donde hay auténticas obras maestras: también es un deporte aunque las películas de este genero suelen centrarse en la parte más cruenta del asunto). Viendo alguna de ellas incluso logras entender las reglas tan extrañas que tiene que cumplir un jugador de béisbol o de fútbol americano para marcar un tanto. El saber no ocupa lugar.
Mezclando balompié y la Segunda Guerra Mundial, nada menos, John Huston dirigió en 1981 "Evasión o victoria". A estas alturas, un clásico. El gol que Pelé le marca a los soldados alemanes nos hizo dar un brinco a todo el público que asistía a la proyección: mejor que ver, por lo general, a la selección española. Hace muchísimo que ví esa película en el cine España, un cine que, como tantos otros de esta ciudad, pasó a la historia (lista de cines que había en Salamanca a principio de los 80: Gran Vía, Bretón, Patio de Comedias, España, Coliseum, Taramona, Victoria, Salamanca, Van Dyck, Llorente y alguno más que se me pase: solo queda el Van Dyck). Entonces una película podía estar meses en cartel. Ahora hay 4 multicines, la mayoría en centros comerciales, todos echan las mismas películas para adolescentes y solo uno, Van Dyck, suele tener la película que te interesa. Cierro el arrebato nostálgico.
"Shaolin Soccer" mezcla fútbol y kung-fú, nada menos también. Comedia made in Hong-Kong, por supuesto. Su guión pueril e intrascendente esta adornado por unas espectaculares escenas de pateo de balón: entre "Bola de dragón" y "Campeones" pero no es de dibujos animados. Solo para frikis del césped, el orsait y el esférico... y de Bruce Lee. Fútbol es fútbol.

domingo, mayo 20, 2007

"Hannah y sus hermanas", de Woody Allen

El cine de Woody Allen es un género fílmico por si mismo y esta película, sin duda, es un arquetipo de tal categoría. Comedias que surgen de las vivencias de la clase media-alta neoyorquina, grupos de economía pudiente con inquietudes culturales de vanguardia y que se consideran herederos de los beatnik de mediados del siglo XX, aunque solo sea por la estética. Arquitectos melómanos, economistas poetas, vestidos con jerseys de lana, recorren las galerias buscando cuadros de pintores malditos que queden bien colgados sobre la chimenea de la mansión (54 millones por un Rothko ¿y ese quién es? ¿Rothko Sifredi?). Opera y jazz: la música de los nobles y la música de los esclavos, fagocitadas por bohemios con pasta atrapados en sus contradicciones, eternamente insatisfechos: carne de psicoanalista (en "Match Point" terminarán liandose a tiros, culminando violentamente la necedad de sus ambiciones).
Hay dos películas: la de las tres hermanas y la del personaje interpretado por el director.
Tres hermanas. Mia Farrow, Hannah, ejerce de actriz triunfadora, casada feliz, mientras que sus hermanas han tenido distinta suerte. Las apariencias ocultan la envidia que la situación de Hannah produce en sus hermanas: una de ellas se liará con el marido de Hannah, mientras que la otra escribirá un libro donde desvelará detalles de su vida privada (además de enamorarse del primer marido de Hannah, el propio Woody). Mia Farrow se encontrará en la vida real con un argumento similar al de esta película, solo que el marido no se enamora de una hermana, sino de su propia hija: la realidad que supera todo lo que se te ocurra.
Woody Allen encarna el papel de un estresado productor de televisión (se ha estrenado la serie de televisión "Studio 60" en Canal +, donde se puede comprobar cómo se alcanza un nivel de estrés de grado superlativo trabajando en ese medio). Hipocondriaco y paranoico, iniciará la búsqueda del sentido de la vida (su transición al catolicismo dará lugar a los pasajes cómicos más logrados de la película). El personaje lo repetirá miles de veces pero siempre logrará sorprender (ha dirigido más de 40 películas en 40 años de carrera: vaya marca).
Obra maestra llena de diálogos inteligentes, una de este director de las que no se pueden dejar de ver. Y disfrutar.

domingo, mayo 13, 2007

"Apocalypto", de Mel Gibson

Violento, brutal, sanguinario. ¿El qué? ¿La película o el mundo que se refleja en ella?
Continuamente vemos la imagen de un crucificado: en las cabeceras de las camas, en las aulas de los colegios (ya menos), en los salpicaderos de los coches, en nuestro propio pecho. Nos hemos acostumbrado a esa visión hasta tal punto, nos resulta algo tan natural, que pasamos los ojos sobre ella sin darnos cuenta de lo que en realidad representa: un hombre torturado brutalmente hasta la muerte. Y el castigo era el acostumbrado en el imperio romano que era la imagen de la cultura frente a la barbarie. Solo hay que recordar la escena final de "Espartaco", con la Vía Apia repleta de cruces, para hacerse una idea de como se las gastaban las civilizaciones antiguas (bueno, las modernas no les van a la zaga ¿en qué alelo de nuestra herencia genética figurará la falta absoluta de piedad?).
Asi que si a Mel Gibson se le va la mano con el ketchup, no creo que lo haga para enardecer a los eruditos de las culturas precolombinas, ni que tampoco sea motivo para ello. Se trata más bien de una característica definitoria, de un sello personal que se extiende por toda su filmografía. Recuerdo que antes de ver "Braveheart" ya me advirtieron de que la sangre salpicaba la pantalla y cuando se estrenó "La pasión de Cristo", fueron ríos de tinta los que corrieron durante meses. Solo ha dirigido cuatro películas, pero ha demostrado tener talento como realizador: debajo de la hemoglobina palpita una historia. "Apocalypto" es un viaje al salvajismo primitivo, pero reinvidicando la vida en sintonía con la naturaleza. La vida lejos de ejércitos, sacerdotes, reyezuelos. Tiene una ambientación impecable, muy trabajada (y mucha pasta invertida, claro: se ve en cada fotograma: los escenarios, los maquillajes, el vestuario). El ritmo furibundo de una película de aventuras, que mantiene la tensión hasta el final. Ni siquiera le afecta haber usado el lenguaje maya para los diálogos, lo que obliga a la inmensa mayoría de la platea a tener que leer en la parte baja de la pantalla.
En esta caso, más que en muchos otros, hay que olvidar la personalidad del director, separarla de su obra, no pensar que es un gilipollas, y dejarse llevar por el frenesí de las imágenes. Al fin y al cabo, en su día hizo de Mad Max.

domingo, abril 15, 2007

"Donnie Darko", de Richard Kelly

En vez de un fauno, un conejo. El sueño de la razón produce monstruos, monstruos que te conducen a través de túneles que llevan a la dimensión desconocida: recovecos de la mente donde existe otra personalidad dormida. Esquizofrenia paranoide.
En esta ocasión no hay un país de cuento de hadas al otro lado del espejo, si no una serie de actos violentos llevados a cabo durante el dulce sueño de la inconsciencia. El hombre lobo despierta aterido por la mañana en medio del monte, sin saber a dónde le llevaron sus actos. Aquel sabor a inmortalidad de la adolescencia.
Todo eso funciona muy bien en la película, con un cierto aire de comedia juvenil pero sin dejar decaer la historia: se mantiene la tensión en espera del desenlace anunciado. Sin embargo, llegado un punto, la película empieza a liarse con libros que hablan de viajes en el tiempo, supongo que para justificar el comportamiento enloquecido del protagonista o, simplemente, para darle más lustre y profundidad a una trama que ya se defendía bien por si sola. Complicarla en vano y arruinarla con un final feliz.
Eso si, una gran banda sonora.

"El laberinto del fauno", de Guillermo del Toro

Lo primero que puede llamar la atención es que se haya mezclado una etapa tan sórdida y mísera en la historia española como fueron los años que sucedieron al fin de la Guerra Civil, con la inocencia y la candidez de los cuentos de hadas. Sin embargo ese contrasentido es el centro de la trama: la construcción de mundos imaginarios como válvula de escape a la cruda realidad. Esa dualidad, además, está llevada al extremo en la mente del director. Las hadas, los faunos, los monstruos, protagonistas de las fantasías más desmadradas, frente al dolor, la enfermedad, la muerte y la guerra, indeseados pero inevitables compañeros de viaje de la existencia humana y que aquí son retratados en su brutal esencia. Todo muy maniqueo, como corresponde a cualquier buen cuento, solo que en este caso no se sabe bien si es para niños o para adultos: escenas que harían las delicias de los pequeños acompañadas por otras que no te gustaría que contemplaran tus hijos.
El laberinto como punto de contacto entre dos mundos, como en aquella "Dentro del laberinto", con David Bowie y Jennifer Connelly y las portentosas marionetas de Jim Henson (esa película la recuerdo con cariño: el resultado logrado era extraordinario: pura imaginación a falta de tecnología informática). La puerta que comunica dimensiones alternativas ya la usó Guillermo del Toro en "Hellboy" para traerse al pequeño demonio, igual que también empleó la ambientación de la Guerra Civil en "El espinazo del diablo": deben ser dos de sus temas recurrentes. La historia esta bien contada, muy bien realizada, aunque debo reconocer que el cine de este director no logra cautivarme por completo (hay un rato de "Hellboy" que no puedo contar porque me dormí). Las actuaciones de Maribel Verdú y Sergi López son muy buenas, sobre todo la de este último. Su interpretación de un capitán franquista psicópata despiadado pone los pelos de punta. Cuando vi "La máscara", la de Jim Carrey, me pareció que el mejor efecto especial de la película era Camerón Díaz. Pues algo parecido me ha pasado con la actuación de Sergi López: supera a cualquier monstruo que pudiera salir de los dibujos del director, incluido ese tan icónico de los ojos en las manos.
La película supone un salto de calidad para las producciones españolas. Le han perdido el miedo a los grandes presupuestos, si bien han tenido la taquilla de cara ("El dorado" de Carlos Saura fue en su día la producción más cara del cine español y la bofetada en la recaudación fue de órdago). Y si encima se las premian... pues que siga la racha.

viernes, abril 13, 2007

Ensayo. "Sexo, mentiras y Hollywood", de Peter Biskind

Dos años ya. El primer año el regalo fue "1001 películas que hay que ver antes de morir"
Ahora ha tocado el libro que da título a este post: aún no lo he leído, claro, me lo acaban de entregar. Muchas gracias.
De este autor he leído el imprescindible "Moteros tranquilos, toros salvajes". En el se daba un panorama completo de la oleada de talento que arrasó el mundo del celuloide americano en los años 70. Bogdanovich, Penn, Coppola, Lucas, Scorsese, Spielberg, de Palma, Altman. Etc. Me enganchó desde la primera a la última página. Recomendación absoluta.
El que tengo delante parece ser que trata de los directores surgidos del cine independiente en los años noventa. Soderbergh, Tarantino, Ang Lee, Robert Rodriguez. Etc. De Sundance a Miramax. Promete. Keroseno para el vicio. El séptimo vicio. O puede que el primero.

domingo, abril 08, 2007

"Factotum", de Bent Hamer

Es la segunda película que veo que este basada en la obra de Charles Bukowski. La primera fue "El borracho (Barfly)", del año 1987. El papel de Henry Chinaski lo encarnaba Mickey Rourke en la que probablemente haya sido la mejor actuación de su carrera. El primer éxito le llegó haciendo del chico de la moto en "La ley de la calle (Rumble Fish)", la popularidad mundial con "Nueve semanas y media" y el reconocimiento a una de sus intepretaciones en "Barfly": de 1983 a 1987. Luego hizo de boxeador en "Homeboy" y le dio por meterse en el boxeo profesional. Fue su fin cinematográfico: su carrera no se ha vuelto a recuperar (en aquel periodo de gloria hizo otras buenas películas como "El corazón del Angel", "Manhattan Sur" o "Requiem por los que van a morir"). Por supuesto su talento pugilístico apenas se inició: no se puede subir alegremente a un ring con casi cuarenta años y pretender salir ileso. Le partieron la cara, literalmente, y cuando aparece brevemente en alguna película actual, cuesta reconocerlo.
El borracho de "Factotum" es Matt Dillon. Curiosamente, Dillon y Rourke hacían de hermanos en "Rumble Fish" (el que hacía de padre era Dennis Hopper, seguramente el más borracho de los tres). Iconos de la juventud rebelde de mediados de los ochenta. Matt Dillon era el genuino outsider, provocador y decidido. Su carrera ha sido mucho más estable, aunque se ha embarcado en algunas comedias tontunas, y ha rozado el éxito recientemente con "Crash". Su papel en "Factotum" tiende a la melancolía, bastante frio, supongo que intentando aproximarse a la parte más profunda del personaje: pasar los días entre borrachera y borrachera mientras poco a poco se va forjando la obra literaria: la inspiración que surge de vivir en el arroyo. Si embargo la lectura de la obra de Bukowski produce sensaciones mucho más intensas. Entre la risa y el llanto. Bittersweet. Hay más pasión y menos tristeza: las penas ahogadas en alcohol. Beber para que pase algo.
Será por eso que, en borrachos, me gustó más Mickey Rourke.

sábado, marzo 31, 2007

"300", de Zack Snyder

Poema épico, gesta heroica. Salamina, Gaugamela, Zama. Relatos de batallas, leyendas, mitos que han llegado a nosotros después de dos mil años. Alguien que estuvo en la batalla le cuenta a alguien lo que sucedió allí, y este a un tercero, y este a otro, hasta que al fin se lo cuentan a uno que sabe escribir y que, por lo general, tiende a la exageración: es igual que el cine comercial de hoy en día: muchos efectos especiales para llenar las salas. Además se escribía por encargo, para los reyes de la época, y a estos le gusta mucha que les adulen. Seguramente lucharon más de 300 espartanos y, seguramente, había menos de los 2.641.610 combatientes persas que cita Heródoto.
Frank Miller tomó como punto de partida la defensa del paso de las Termópilas y creó un comic extraordinario. Este dibujante tiene un estilo muy particular basado sobre todo en el uso de las sombras y del claro oscuro y las adaptaciones a la pantalla grande de sus obras, como "300" y "Sin City", han sido muy afortunadas (otras como "Electra", no tanto). Autor de culto es el que consigue un punto de vista original al realizar su obra, una propuesta distinta que genera un grupo de acérrimos seguidores. La adaptación cinematográfica de "300" no defraudará a estos ya que representa fielmente la esencia del tebeo. Rojos, grises y ocres, no hay más colores en la cinta. Sangre a raudales y estupendas coreografías en los combates: algunos fotogramas son idénticos a las viñetas del original: adaptar comics permite ahorrarse el storyboard. En la película hay más sexo y el papel de la reina es más importante, supongo que para tener más minutos de metraje pues la trama del complot contra el rey Leonidas no aporta nada a la historia. El personaje de Jerjes, sí, es clavado al del comic. Mis vecinos de butaca alucinan con el aspecto que le ha dado Miller, tan alejado, por ejemplo, de la pinta que tenía Darío III, uno de sus sucesores, en "Alejandro" de Oliver Stone: creo que para disfrutar de verdad está película hay que haber leído el comic previamente.
En fin, taquillazo, a pesar de la polémica que se ha buscado al intentar comparar a los antiguos persas con los actuales iraníes, o también gracias a ella. Después de los éxitos logrados con el universo Marvel ("Spiderman 3" está a punto de su estreno y creo que esta previsto llegar a la séptima secuela: ayer vi "Los Cuatro Fantásticos" y no me gustó, me pareció plana y la más infantil de todo este grupo de adaptaciones), empieza a abundar el cine basado en el comic más adulto. Esperanzador.
A esperar la segunda parte de "Sin City".

domingo, marzo 25, 2007

"Los tres entierros de Melquiades Estrada", de Tommy Lee Jones

Un inmigrante mexicano es abatido por los disparos de un policía de fronteras. En el monte, en la soledad del desierto, un disparo casi accidental, como en "Babel". Un crimen que sería fácil cubrir de indiferencia, de olvido: la víctima no es más que un pobre espalda mojada, un campesino sin familia. Sin embargo tiene un amigo que se convertirá en el brazo de la justicia. De la divina, claro.
Así, al asesino le espera la dura penitencia de devolver el cadáver de Melquiades a su tierra natal, Sísifo empujando la piedra. El viaje al otro lado de la frontera, desde el centro comercial y la autopista, al pueblo que vive de la tierra, surcado de senderos abiertos por manos callosas. El hombre que desanda el camino de la civilización, que se despoja de todo para reencontrarse arrodillado frente a un árbol, suplicando el perdón.
Primera película dirigida por Tommy Lee Jones. El guionista es ni más ni menos que Guillermo Arriaga ("Babel", "Amores perros"). Sobresale la segunda parte, la del viaje al pueblo natal de Melquiades, asi como las escenas de humor negro, donde el cadáver es protagonista. El director también encarna el papel de angel vengador, convincente, a la altura de su actuación en "El fugitivo".
Al principio pensaba que la película se iba a centrar en el asesinato, al estilo de "Lone star", pero creo que lo que realmente se ha intentado destacar ha sido el viaje. Y los muertos que les ajustan las cuentas a los vivos.

lunes, marzo 19, 2007

"Estación Central de Brasil", de Walter Salles

Una maestra jubilada redondea sus ingresos escribiendo las cartas que los humildes transeúntes de una estación de ferrocarril le dictan. Notas de amor en su mayoría, a real la pieza. Sin embargo muchas de ellas no llegarán a su destino, pues esta amanuense de alquiler tiene la mezquina costumbre de echar en un cajón, en vez de en el buzón, las cartas que su albedrío determina. El pueblo ignorante siempre es más fácil de manipular.
En su vida irrumpirá un niño que acaba de perder a su madre y que busca a su padre, al que no conoce y que vive en la otra punta de Brasil. Niño sin madre, mujer sin hijos. Se inicia la búsqueda, road movie al estilo de otras de adulto viajando con niño como "El verano de Kikujiro", aunque esta es anterior y bien pudo servir de inspiración a Kitano. Recorrerán el inmenso país: cada meta se puede considerar el fin del mundo. El vínculo afectivo que surge de las penalidades compartidas, se establecerá entre ambos a lo largo del viaje. Ella repasará las oportunidades perdidas y se reconciliará con el pasado que la ha conducido a una existencia fría y solitaria. Viaje redentor. Final feliz.
Según datos de la UNESCO, 781 millones de personas mayores de 15 años no saben leer ni escribir en el mundo.

sábado, marzo 17, 2007

"Syriana", de Stephen Gaghan

La escena cumbre de la película: los servicios secretos de Estados Unidos lanzan un misil contra el vehículo donde viaja un aspirante al trono de un país árabe. Se podría pensar en el caso de Saddam Hussein, Noriega, Milosevic y que esta es otra película que nos cuenta como los norteamericanos han tenido que salir otra vez de su territorio para salvar al resto de pobres mortales. Pura rutina. En esta ocasión, tal atentado terrorista no se produce para instaurar la democracia en una nación regida por un poder tiránico o despótico. El asunto que cuenta la película es que hay que matar a esa persona porque piensa, porque ha echado sus cuentas y resulta que dispone de la materia prima más preciada del mundo, y no se quiere conformar con bañarse en petrodólares y dilapidar su fortuna mientras su pueblo sigue cuidando rebaños de cabras y comiendo dátiles en el desierto. La muerte de un gobernante para servir a los intereses de las grandes empresas no es una leyenda urbana o un tópico de las teorías conspiratorias. Son hechos que figuran ya en la historia oficial. Otra verdad incomoda. Al final, solo se mata por dinero.
Es el cuarto aniversario del comienzo de la guerra en Iraq. Resulta que sí que había un arma de destrucción masiva en ese territorio, en realidad la tienen la mayoría de paises de la zona. Se llama petróleo y ha provocado cientos de miles de muertos. Y más que habrá.

domingo, marzo 11, 2007

Concierto de Fito y los Fitipaldis

Una banda de Rock&Roll. En algunos momentos, puro Rockabilly, como cuando atacaron con una versión de Los Rebeldes, "Quiero ser una estrella": probablemente Fito Cabrales ha conseguido el deseo pronunciado en ese título, una fama que nunca tuvo con Platero y tu (a Platero los vi una vez que fui a un concierto de Extremoduro: les preste poca atención: yo iba a ver a los otros). Además, salvo en las dos o tres canciones más comerciales, tienen un estilo musical un tanto pasado de moda, de los que no se suelen escuchar en la radio (suenan a muchos otros: a Los Secretos, a Sabina, a Los Rebeldes, a Springsteen). Oía el concierto y me parecía increíble que el aforo estuviera completo, hasta la bandera, que esa música tuviera éxito. Quizá sea su estética barrio-bajera y la autenticidad canalla que desprenden. Será que no todo está perdido. Y releo y me parece que los estoy poniendo mal: todo lo contrario. Al loro.

viernes, marzo 09, 2007

"Closer", de Mike Nichols

Cruce de miradas en el paso de peatones, sonrisitas, la atropella un coche, la llevas al hospital, casualmente no tiene casa ni trabajo ni conoce a nadie en la ciudad... : cuatro años de relación: no había más opciones.
Escribes un libro, vas a hacerte las fotos para la promoción, besas a la fotógrafa, bajas a la calle a buscar a tu novia para presentársela y que se entere de todo el lío... : relación a dos bandas: no había más remedio.
Chateas por internet con un tío pensando que es una mujer, cita a ciegas, abordas a la primera que te encuentras como un loco salido, ella se casa contigo en vez de llamar a un guardia... : siempre pasa lo mismo: inevitable.
La trama se inicia con el tropiezo entre un escritor de obituarios, como el Pereira (Sostiene) de Tabucchi, y una joven lolita de aspecto rebelde. A Pereira lo interpretó magistralmente Marcello Mastroianni en la adaptación cinematográfica de la novela: para el papel de Jude Law esa profesión solo contribuye a enternecerlo artificialmente, pura anécdota. La lolita solo podía ser Natalie Portman: la lolita del barrio de "Beautiful Girls", la fantástica inquietud de Jean Reno en "León". Lejos de la solemne reina de las galaxias, es el papel que más brilla junto al de Clive Owen.
En algunos diálogos se nota que es una adaptación de una obra de teatro. Las esforzadas actuaciones intentan alejarla del romanticismo más banal. Otra vuelta de tuerca a las relaciones sentimentales modernas, convirtiéndolas en sucesos extraños, en sinsentidos insostenibles llenos de mentiras y rencores. Tanto apretarla que termina siendo una película romántica, intranscendente, de galanes y galanas luciendo palmito que ni emocionan, ni conmueven. Y poco más.

martes, marzo 06, 2007

"Alatriste", de Agustín Díaz Yanes

Empecé a verla con algunas precauciones, desconfiando de las recreaciones históricas del cine español, sobre todo si hay batallas de por medio. Los escoceses de "Braveheart", los romanos de "Gladiator": después de ver estas películas, el listón queda muy alto. Sin embargo, rápidamente bajé los brazos: la cinta cumple. Poderoso caballero es Don Dinero, escribió Quevedo, y para este tipo de producciones, para que la época quede dignamente representada, hace falta mucho. La elección de actores me parece muy acertada, sobre todo Viggo Mortensen y los veteranos del tercio viejo de Cartagena que le acompañan. Fantásticos todos ellos. ¿Qué actor español podía haber hecho el papel del capitán de forma tan solvente? ¿Carmelo Gómez? ¿Banderas (¡horror!)? Mortensen lo realiza a la perfección, acertando hasta al hablar en susurros: así hablan los peligrosos, ya lo decía Makinavaja.
Conozco a fondo la obra de Arturo Pérez-Reverte. Lo he leído todo o casi todo: no me gustan sus artículos ni su eterno síndrome del Vietnam (Manu Leguineche también estuvo en un montón de guerras y no da tanto la paliza. A este le escuche decir que los corresponsales de guerra cumplen las tres des: Dipsómanos, Depresivos y Divorciados: no se cuantas cumplirá Arturo). El ciclo de Alatriste es fundamental en su obra y supongo que contribuyó significativamente a sentarle en la Academia. De sus novelas, la mejor me parece que es "El club Dumas". Con "La carta esférica" empezaron los altibajos de nuestro romance y la última, "El pintor de batallas", la dejé después de 100 páginas y sin ánimo de volver a abrirla.
Lo que nunca me ha convencido del todo han sido los finales de sus libros, bien lo sabes, y en la película, curiosamente, me ha pasado lo mismo: la batalla del sitio de Rocroi que cierra la proyección es un tanto pobre, falta de extras que llenen el encuadre: en vez de un tercio de Flandes parecen un octavo o un decimo. Se les debió terminar la pasta. Pero aún así, no le falta emoción. Igual que los soldados que iban a luchar por el rey, pobres pero cumplidores. Ay. Siempre la honra y los barcos.

martes, febrero 27, 2007

"Juego sucio (Infernal affairs)", de Wai Keung Lau y Siu Fai Mak

Infiltrados orientales. Esta película hongkonesa del año 2002 ha saltado a la fama a raíz de ser la inspiración de Martín Scorsese para la premiadísima "Infiltrados". Inspiración se queda corto: son la misma maldita película. Bueno, no, en realidad es la misma trama: la dirección, el montaje, la banda sonora, los actores (claro) , todo eso ha cambiado. En la historia la única diferencia relevante es que no hay triángulo amoroso alrededor del personaje de la psiquiatra y otra que no contaré para no desvelar el final. Y nada más, pequeños detalles del guión. La muerte del superintendente, la mano escayolada, el encuentro en el cine, las llamadas de móvil, el ascensor del final: todo igual.
Busco en imdb los créditos de "Infiltrados". En el apartado de guionistas aparecen William Monahan, Siu Fai Mak y Felix Chong. Estos dos últimos son los mismos de "Infernal Affairs" y supongo que figuran en la lista porque les comprarían los derechos para hacer "Infiltrados". Eso lo explica todo. O casi. ¿Cómo es posible que William Monahan haya sido premiado con el Oscar al mejor guión adaptado? En todo caso será el mejor guión copiado.

lunes, febrero 26, 2007

"Cartas desde Iwo Jima", de Clint Eastwood

Se dice que para el soldado japonés era peor el deshonor de ser hecho prisionero o de rendirse al enemigo que la propia muerte, y por tanto el suicidio era la alternativa preferida cuando no quedaba ninguna opción salvo la derrota. En la época de la Segunda Guerra Mundial la religión oficial del estado japones era el sintoísmo, con un rígido código de valores, y el centro del culto lo conformaba la figura del emperador. Se exaltaba el honor, el valor, el sacrificio personal y se despreciaba la muerte, puerta que se debía cruzar para unirse a los ancestros: más o menos como en cualquier religión. En Iwo Jima murieron casi todos los defensores japoneses, no sin antes causar un elevado número de bajas en el ejercito estadounidense. Ahí reside la justificación de lanzar las bombas atómicas sobre Hirosima y Nagasaki: el coste de someter al imperio japonés, isla a isla, pueblo a pueblo, iba a ser demasiado elevado en tiempo y vidas: mejor matar cientos de miles de golpe y que todos los muetos fueran japoneses.
La película plantea que el fanatismo suicida del ejercito nipón residía sobre todo en algunos mandos, más cercanos a valores patrióticos que el pobre panadero obligado a cargar con un fusil. También se habla del desconocimiento del otro bando, la propaganda que lleva al odio ciego: los soldados rasos, de cualquier nación, tienen más similitudes que diferencias.
El ejercicio llevado a cabo por el director de contemplar una batalla desde los dos frentes ha producido dos excelentes películas, muy distintas en su forma. Mientras que esta última se adentra más en la psicología de los personajes y el desarrollo de la batalla, la otra me pareció más fría en sus actuaciones (ya tiene su propia entrada en este blog) y se centra más en la manipulación informativa que se produce alrededor de cualquier guerra.
No creo que Eastwood triunfe esta noche (se entregan los premios Oscar) pero ni puñetera falta que le hace: película en versión original en japonés, que parece hecha en blanco y negro, o mejor solo en negro, de tan poca luz que se ha utilizado: la película que le apetece y encima le nominan. Que se lo den a Scorsese que no tiene ninguno. Pero no el de mejor película. Ese, a "Babel".

domingo, febrero 18, 2007

"Babel", de Alejandro González Iñárritu

Una bala disparada en medio del desierto, atraviesa cuatro vidas: la de la víctima, una mujer perdida en un matrimonio agonizante para el que el tiro de gracia, ironías, resulta salvador; la de sus hijos, Hansel y Gretel perdidos entre dos mundos, cuidados por una Eva que será expulsada del paraíso (artificial) por su negligencia; el asesino, un niño cainita que recibirá el peor castigo, pues el tiro que desencadena la tragedia se convertirá en la quijada bíblica; y la cuarta historia, la del dueño del arma, una conexión un tanto forzada. Y sin embargo está última historia me ha parecido la más interesante, la más potente y la que seguro hace honor al título de la película: la Babilonia moderna puede ser cualquier capital del mundo y se explica mejor desde la perspectiva de una persona que no puede oír ni hablar: confusión en un océano de señales, de mensajes.
El año pasado gano "Crash", una película con una estructura muy parecida. A diferencia de esta, el tono de "Babel" es más pesimista, más real visceralista (tomo prestado el calificativo de Roberto Bolaño: estoy leyendo "Los detectives salvajes"). Si gana, será la consagración de un genero.

domingo, febrero 11, 2007

"Azuloscurocasinegro", de Daniel Sánchez Arévalo

El título es la descripción de un color: el color del traje que se suele utilizar para ir a una entrevista de trabajo (si el dios-entrevistador-plenipotenciario lo cree oportuno, obtendrás el trabajo; si encima tienes suerte, no tendrás que volver a ponerte ese traje en la vida). Para el protagonista de la película comprarse ese traje es un sueño inalcanzable. Será el disfraz infalible, cual capa de Supermán, que impedirá que descubran su identidad secreta: portero de una comunidad de vecinos que cuida de un padre enfermo que requiere atención constante y, para colmo, el portero tiene un hermano en la cárcel. Huir del origen humilde, ese pesado lastre para nuestros sueños de grandeza.
No creo en los procesos de selección. Es imposible saber qué persona va a estar mejor capacitada para un cargo por su aspecto, su currículum, unos formularios y cinco minutos de entrevista: suele ser un juicio para intentar descubrir todas las mentiras que cuenta el candidato y justificar una decisión tomada de antemano. Mi mayor defecto es que soy muy testarudo y cuando empiezo algo no paro hasta terminarlo. No, no tengo novia, para mí lo más importante es mi carrera. Me encanta el trabajo, puedo quedarme después del horario el tiempo que haga falta. Sin cobrar, claro. Cinco años vestido como Kurt Cobain y ahora quieres parecer Donald Trump. En la universidad no te han preparado para eso.
Divertida, entretenida, cinta que se puede encuadrar en el genero de la comedia madrileña. Se mueve entre el enredo, el desamor, los problemas familiares, con un tono humorístico que a ratos puede parecer excesivamente simplón (gracietas sobre el sexo, la homosexualidad, manidos tópicos del cine español que quizás sean señas de identidad caducadas pero que habrá que pensar que se siguen consumiendo sin reparo) y que sin embargo funciona muy bien para elaborar el sabor agridulce de la película. Director debutante digno continuador de las obras de Trueba o Colomo. Sin embargo a mí me ha recordado al "Verano de Kikujiro" de Kitano, y probablemente se deba al el uso insistente de la banda sonora como pequeños estribillos optimistas: Joe Hisaishi paseando por la Gran Vía.
Aire fresco entre tanta guerra de clanes (Alatriste vs Volver: el cine español no solo es débil en economía y en ideas, sino que acostumbra a enfangarse en reyertas estúpidas). Tres Goyas de gran merecimiento: el de mejor director novel y sendos premios a los actores Antonio de la Torre y Quim Gutiérrez. Han superado el proceso de selección. Ya pueden quitarse el traje. Enhorabuena.

viernes, febrero 09, 2007

"El ilusionista", de Neil Burger

Folletín decimonónico. Mezcla extraña de "Sissi emperatriz" y "El show de David Copperfield". El mago de origen humilde se enamora de la duquesita desgraciada que debe casarse con el príncipe despótico y cruel. Aburre por previsible: total falta de intensidad. Y eso que cuenta con buenos actores como Edward Norton y el gran Paul Giamatti y una buena ambientación histórica, pero con ese guión no hay mucho más que se pueda hacer.
Cuento romántico para un público infantil.

domingo, febrero 04, 2007

"Volver", de Pedro Almodovar

Tres generaciones de mujeres, cadena de desdichas, marcadas por el adulterio, el incesto y el crimen. Por la locura que trae el viento, deus ex machina que nubla el entendimiento, altera los sentidos y mengua las voluntades: hoy hace un viento criminal. Los fantasmas de los antepasados, cuentos de aparecidos, recuerdan el ineludible destino que aguarda a los portadores de la sangre maldita. La historia condenada a repetirse, insoportable retorno, la carga más pesada.
Tragedia griega apenas mitigada por unos retazos de humor negro, marca de la casa, como tantos otros detalles. Al empezar a verla me pareció que estaba ambientada en los años setenta, impresión rota por la aparición de un teléfono móvil, porque todo recuerda a otra época: el papel pintado (otra película con el dichoso papel: cada vez que visito un pueblo busco estancias que lo tengan: imposible), coches con matrícula de la F (aún se ven), las peluqueras que atienden en casa, la limpieza de las sepulturas el día de Todos los Santos (certifico que esa costumbre perdura) y sobre todo Penélope Cruz disfrazada de matrona italiana de posguerra (en la película sale una escena de una película antigua italiana, donde actúa, creo, la actriz Anna Magnani: el homenaje debe ser más que casual).
Película de actuaciones femeninas, completamente de autor. No es de las que más me ha gustado, pero puede ser que pase a la historia del cine español. Todo depende de Oscar.

jueves, febrero 01, 2007

"Campamento Jesús", de Heidi Ewing y Rachel Grady

Cine de terror. Miedo, mucho miedo produce la visualización de este documental, que debe ser mentira, debe ser una ficción: tiene que serlo. Lo vi cuando se estreno y ahora he vuelto a verlo. Sí, era para tanto.
Niños sufriendo amargamente. Esa frase tan corta define el horror, el padecimiento tan gratuito al que se somete a estos pequeños arrasados en lágrimas porque se les ha cargado sobre sus hombros la responsabilidad de todos los males del mundo. Se les ha llenado la cabeza de estupideces sin fundamento con el único motivo de no dejar espacio a ningún pensamiento coherente. Lavado de cerebro. Crear soldados sin voluntad, capaces de sacrificarse por la causa: en el fondo tienen envidia de los terroristas suicidas que dicen combatir, de su fanatismo y de su entrega. Ejercito de votantes.
Sus maestros se burlan de la ciencia y a la vez se les enseña que los recursos naturales están para esquilmarlos sin contemplaciones (y para acabar con los incendios nada mejor que talar todos los bosques, Bush dixit). Pequeños cuerpos que se arrastran por el suelo frente a una imagen recortada del presidente de Estados Unidos, mesías del cristianismo renacido, señor de las moscas. Y donde Bush es dios, Darwin es un farsante, Harry Potter es Satanás y los demócratas sus acólitos. Y aunque parezca una broma, hay que tomárselos muy en serio.

domingo, enero 21, 2007

"Banderas de nuestros padres", de Clint Eastwood

Color ceniza que lo baña todo, barro de sangre que atasca los tanques, regando un terreno yermo, rocoso, desolado.
Iwo Jima es una pequeña isla situada al sur de Japón. En ella, la gente se ganaba la vida refinando azufre (su nombre significa eso, isla de azufre). Isla maldita. Su interés militar residía en que era muy plana y constituía una excelente base de despegue para que la aviación atacara el cercano Japón. Así, en febrero de 1945 100.000 soldados norteamericanos desembarcan en ella y se enfrentan a 21.000 japones acantonados en bunkers, trincheras y una enorme red de túneles. Ni un paso atrás. La batalla, la matanza más cruenta del frente del Pacífico, no cesó hasta finales de marzo. 25.000 muertos, pero de ellos 18.000 eran japoneses: antes morir que rendirse. Y la famosa foto de Rosenthal se hizo el 23 de febrero después de la toma del monte Suribachi, el único accidente geográfico destacable de la isla, situado en su extremo occidental, y desde el cual la artillería nipona machacaba a las fuerzas aliadas. Todavía quedaba mucha batalla: la mitad de los que salen en la foto, murieron en los días siguientes.
La guerra es muy cara, que se lo digan a Bush. La foto se reproduce en 3.500 millones de carteles que se cuelgan por todo Estados Unidos: se pretende que los patriotas se rasquen el bolsillo: hay que matar muchos más japoneses, hay que rendirlos sin condiciones: hay que lanzar un par de bombas carísimas.
La película tiene tres vertientes que se entremezclan: la batalla en la isla, la campaña para recaudar fondos y la época actual que cuenta la recogida de testimonios de James Bradley, escritor de la novela en que se basa la película e hijo de uno de los supervivientes de la foto (tengo el libro empezado pero es un poco malo, al menos las primeras 70 páginas).
La parte de la batalla se recrea minuciosamente: solo hay que ver las fotos reales que acompañan a los títulos de credito. Supongo que para Spielberg, coproductor, no era problema después del extraordinario desembarco que logró reconstruir en "Salvar al soldado Ryan". La manipulación histórica y la falsa propaganda de guerra también quedan suficientemente denunciadas así como el racismo contra el soldado índio. Si hubiera que encontrar algún fallo, a mi no me han gustado los actores: me parecen demasiado fríos como si observaran los hechos en vez de producirlos. Van a la guerra como el que va de excursión. También se abusa del flashback: en algunos momentos no viene a cuento y rompe la trama injustificadamente. Pero, no equivocarse, es una gran película que me ha gustado muchísimo, digna de figurar entre las obras cumbre del cine bélico moderno.
Finaliza despacio, con los personajes asumiendo su destino como sucedía en "Million dollar baby": el final me la ha recordado inténsamente. No fueron heroes extraordinarios, simplemente eran unos tipos corrientes a los que les asustaban los focos y las multitudes. Tan simple como eso.

La foto de arriba es la de la primera bandera, no tan famosa como la de la segunda.

domingo, enero 14, 2007

"Rocky", de John G. Avildsen

Se acaba de estrenar "Rocky Balboa", sexta parte de una serie que se inició hace treinta años. Sin menosprecio de ella, que aún no he visto, he vuelto a ver la primera del año 1976, que supongo no será superada por la última. No en vano obtuvo el Oscar a la mejor película del aquel año: ni más ni menos que contra "Taxi driver" o "Todos los hombres del presidente": Rocky no solo vencía en el ring.
La película trata el tema del héroe de la clase trabajadora, el ídolo popular que surge del arroyo y que, trabajando duro y aprovechando sus oportunidades, obtiene fama y riqueza. "Million dollar baby" también fue mejor película contando lo mismo, solo que el final no era tan feliz. La parte melodramática de la cinta se completa con la historia de amor del matón cobrador de morosos y la dependienta de la tienda de mascotas, interpretada por Talia Shire (nombre artístico de Talia Coppola: sí, la hermana de Francis Ford), cuyo nombre origina una de las frases más famosas de la historia del cine: el grito ¡Adrian! al final del combate. Paradojicamente esa parte, que retrata la vida de las clases sociales bajas de aquel momento, ha resistido mejor el tiempo que la parte puramente pugilística, que ahora resulta caricaturesca cuando en su momento debió ser épica (la mejor película de boxeo y quizá la mejor película de los 80, es "Toro salvaje": punto).
Aquellos fueron años dorados para el boxeo: Muhammad Ali, George Foreman, Sonny Linston, Joe Frazier (Sly escribió el guión en tres días, después de ver un combate entre Ali y un peso pesado blanco llamado Chuck Wepner: acabo de ver ese combate en YouTube: Internet es una inagotable fuente de información). El boxeo profesional es una actividad brutal que tiene su toque romántico, desesperado, abrirse camino a golpes, hasta la extenuación. No creo que se le pueda llamar deporte, simplemente es otra cosa. Boxeadores, toreros: más cornadas da el hambre.
Stallone convirtió su personaje en un referente popular, una franquicia que debió reportarle pingües beneficios, lo mismo que Rambo el héroe de la era Reagan, pero que determinó una carrera demasiado condicionada por el físico del actor (tonto no será si fue capaz de escribir el guión de "Rocky", también nominado al Oscar al igual que su papel protagonista: tiene un punto artístico que no se percibe en Arnold Schwarzenegger: la vena republicana, en cambio, es patente en ambos). Ahora, con sesenta años, se llena la cara de botox y resucita al púgil para su último combate. Y para redondear su plan de pensiones. No, tonto no será.

miércoles, enero 10, 2007

"The Queen", de Stephen Frears

La semana siguiente a la muerte en accidente de tráfico de Diana Spencer, ex-aspirante al puesto de reina de Inglaterra, proporciona el marco temporal a este retrato desmitificador de la monarquía inglesa. O de cualquier monarquía. Se muestra a la familia Windsor como a un puñado de privilegiados que viven apartados del pueblo al que supuestamente sirven. Tacaños, apolillados, rígidos y disciplinados, obsesionados con el protocolo, con la vida en el campo, con la caza (¿qué les pasa a los reyes y a las escopetas?). Diana, en cambio, era la princesa de la prensa rosa, de las peluqueras y los culebrones, popular y querida hasta el paroxismo: la pobre esposa embaucada, engañada: la débil plebeya. Al final, seguro que no era para tanto, pero quedaba muy tierna en las fotos.
La reina tiene que descender entre el resto de los mortales para salvar la credibilidad de la institución que representa, mermada por la frialdad demostrada ante el fallecimiento de su antigua nuera. Tiene que demostrar que sabe verter lágrimas de cocodrilo, como cualquier otra ancianita.
La película muestra ese proceso de humillación personal pero, sin embargo, no me parece que ese sea el aspecto más interesante, por obvio. Hay otro que sí lo es, mucho más patético: ver a Tony Blair transformarse, pasar de líder revolucionario de la izquierda moderna a primer ministro reaccionario y babeante, obnubilado por la presencia del poder antiguo, caduco y antidemocrático. Me da la impresión de que también se quiere contar eso. O sobre todo.

miércoles, diciembre 27, 2006

"Fuego en la nieve", de William A. Wellman

Hazañas bélicas. En diciembre de 1944 la mítica 101 División Aerotransportada norteamericana se vio rodeada por las tropas alemanas en la ciudad belga de Bastogne. Hitler contraatacó en el norte de las Ardenas cuando ya nadie creía que fuera posible y el resultado fue la mayor batalla del frente europeo occidental durante la Segunda Guerra Mundial. Los soldados americanos aguantaron durante dos semanas el intenso ataque alemán en un paisaje cubierto de nieve, resguardados en sus pozos de tirador, esperando la llegada del Tercer Ejercito del general Patton.
La película es del año 1949 y está muy bien realizada para la época. El blanco y negro y la inclusión de imagenes reales, documentales, del campo de batalla, le aportan realismo a los nevados decorados hollywoodienses. La camaradería en el frente, el mito erótico de las mademoiselles francesas, los bajas heroicas, las raciones K. Música swing y cartas Dear John. La cinta tiene esa pátina de optimismo e inocencia del país victorioso, paladín de la justicia mundial, que aún no ha profundizado en la guerra fría ni ha tomado conciencia del horror del armamento nuclear: están a punto de llegar los felices años cincuenta y el dulce sueño americano previo a la guerra de Vietnam.
La aproximación más realista que he encontrado de ese trozo de historia, consiste en aproximarse a la obra "Hermanos de Sangre" de Stephen E. Ambrose, tanto la novela como la excelente serie de televisión, donde se cuenta la vida en el frente de una compañía paracaidista, la compañía E, desde su reclutamiento hasta el fin de la guerra, resuelta verazmente mediante la compilación de testimonios de los supervivientes. El día D, la operación Market Garden, Bastogne, El asalto al Nido del Águila.
Y otra opción muy recomendable para acercarse a la vida del soldado aliado es, sin complejos, echar una partida a los excelentes juegos de ordenador "Medal of Honour" o "Call of Duty". Agacharás la cabeza.