Cine de terror. Miedo, mucho miedo produce la visualización de este documental, que debe ser mentira, debe ser una ficción: tiene que serlo. Lo vi cuando se estreno y ahora he vuelto a verlo. Sí, era para tanto.Niños sufriendo amargamente. Esa frase tan corta define el horror, el padecimiento tan gratuito al que se somete a estos pequeños arrasados en lágrimas porque se les ha cargado sobre sus hombros la responsabilidad de todos los males del mundo. Se les ha llenado la cabeza de estupideces sin fundamento con el único motivo de no dejar espacio a ningún pensamiento coherente. Lavado de cerebro. Crear soldados sin voluntad, capaces de sacrificarse por la causa: en el fondo tienen envidia de los terroristas suicidas que dicen combatir, de su fanatismo y de su entrega. Ejercito de votantes.
Sus maestros se burlan de la ciencia y a la vez se les enseña que los recursos naturales están para esquilmarlos sin contemplaciones (y para acabar con los incendios nada mejor que talar todos los bosques, Bush dixit). Pequeños cuerpos que se arrastran por el suelo frente a una imagen recortada del presidente de Estados Unidos, mesías del cristianismo renacido, señor de las moscas. Y donde Bush es dios, Darwin es un farsante, Harry Potter es Satanás y los demócratas sus acólitos. Y aunque parezca una broma, hay que tomárselos muy en serio.













































