Arrastro bastantes pendientes del curso anterior, de las del año 2011. Me tengo que poner al día: fatiga más lo pendiente que lo realizado. Y no es que uno no sea aplicado, no, es más bien un problema de disponibilidad: ocasiones contadas de acudir a una sala de cine: por fuerza mucho se tiene que quedar en el tintero, ay. Pero el cine tiene la virtud de conservarse sin mayor problema hasta la hora de ser consumido: no necesita frío, ni envolverlo en papel
Albal: abrir y devorar. El cine te espera.
"Drive" era una de las expectativas que parecía que no se iba a malograr cuando al fin llegara el momento de verla, y así ha sido: excelente película. Un pavo que se dedica a conducir el buga que se queda en la calle esperando a que unos mendas terminen sus "asuntos", para después salir a escape. El cómplice obligatorio en cualquier atraco, butrón o palo a pecho descubierto que se precie. Un precedente claro a esta cinta se encuentra en "The driver" de Walter Hill, película de culto del año 1978 protagonizada por Ryan O'Neal, que tiene muchos puntos en común con "Drive", no sólo en el verbo del título, sino también en un guión dominado por la construcción de un personaje que se menciona siempre al final del grupo:
y él os espera en la esquina con el coche en marcha.
Estética ochentera: esa chupa con escorpión dorado a la espalda que el protagonista no se quita ni para limpiarle la sangre, esos guantes sin dedos y cerilla en la boca como el
cobretti (Sly en "Cobra" de George P. Cosmatos: la quintaesencia de la macarrada, que de puro abuso en el estilo resultaba cómica donde debía ser despiadada) más chulo de los billares. Sin embargo esa estética que "Drive" recupera será acertado emparentarla con el cine personal y serio de Michael Mann: tipos tranquilos y dispuestos a todo, casi inexpresivos (
"Corrupción en Miami", por supuesto, pero también Robert DeNiro en "Heat", dominándolo todo, o Alain Delon en otra imprescindible, "El samurai" de Jean-Pierre Melville, y así hasta llegar al
"Pickpocket" de Robert Bresson: el arquetipo), que se adentran veloces en planos abiertos de paisajes urbanos poblados de rascacielos, acompañados siempre por una banda sonora
lounge que convierte fotogramas en videoclips: firma reconocible del gran Michael Mann, impronta indeleble para recuerdos de celuloide.
El protagonista de "Drive" encarna a un profesional en el que se puede confiar ciegamente, un témpano con nervios de acero que puede ser letal si se le traiciona: un perdona-vidas de vuelta de todo que ve pasar el último tren: mejor no cabrearle. El chico además se dedica a doble de acción (el
stuntman, el
daredevil), esos pirados que hacen dar vueltas de campana a los vehículos de los que se baja el costoso actor protagonista: apuntar otra reciente de un especialista en
revival de calidad de cualquier género de acción cinematográfico,
"Death Proof", de Quentin Tarantino. Todo va muy bien en los negocios del piloto (Ryan Gosling) hasta que una chica (Carey Mulligan; "Drive" no la vi en su día pero lo inmediatamente posterior que ha hecho esta pareja sí:
"Los idus de marzo", de Georges Clooney, él,
"Shame", de Steve McQueen, ella: buenos actores llamados a triunfar, a dominar la cartelera de prestigio venidera) se pone delante de su parachoques. Y aquí toca mencionar la última
cult movie por hoy,
"Carretera asfaltada en dos direcciones" de Monte Hellman: el amor por el coche de uno es un amor celoso que no admite distracciones.
A las películas de culto les gustan los coches rápidos, sí. Y los amores imposibles.