domingo, abril 22, 2018

"I walk the line (Yo vigilo el camino)", de John Frankenheimer

Aparte de la imponente silueta de Gregory Peck y de su nombre de estrella consagrada encabezando los créditos, la película tiene otro protagonista indiscutible: su banda sonora, integrada de principio a fin por temas de Johnny Cash. "I walk the line" es el título de uno de los primeros éxitos del cantante country, considerado como un auténtico rey del género. El aura legendaria de "El hombre de negro" se adornó también con un rotundo componente carcelario: héroe sonoro de los presos estadounidenses: como "Los Chunguitos" o "Los Chichos" aquí: letras que relataban historias de lumpen y marginación, homologables a la dura existencia de pobres rednecks que malvivían destilando ilegalmente whisky a la sombra de los montes Apalaches. La comparación country/rumba se estiraría demasiado, hasta romperse, si se quisiera llevar la cinta de Frankenheimer a figurar como embrión de un cierto cine "quinqui" americano, como aquel que en España realizaba Eloy de la Iglesia con unas cuotas de libertad y éxito que ahora resultan impensables. Pero no cabe duda de que la abolición en 1967 del código Hays (catálogo de normas que había servido para censurar el cine de Hollywood durante tres décadas) permitió que en 1970 se estrenara una película como "I walk the line": realismo y crudeza para sacudir pantallas asexuadas (el ambiente rural que sirve de telón de fondo de la película, duro e inclemente, recuerda a otro que irrumpiría en los cines pocos años después: "Deliverance" de John Boorman).
Cualquier filmación que se hubiera realizado en España en los años sesenta, simplemente empleando la técnica de dejar a la cámara deslizarse por las calles del primer pueblo o ciudad que a uno se le pasara por la mente, serviría para formar un metraje digno, interesante para el público actual: la vida latía fuera de las casas: barrios llenos de transeúntes, de historias que se desarrollaban en las aceras. En "I walk the line" el director inserta en el celuloide las semblanzas de los paisanos del territorio del sudeste de Estados Unidos donde se realiza el rodaje y esos fotogramas producen, medio siglo después, la atracción irresistible de un documento antropológico.
Los tiempos han cambiado y la geografía mundial se ha colmado de uniformidad mediocre: los niños ya no juegan en las calles, las singularidades de pueblos y ciudades se han transformado en parques temáticos y el comercio cotidiano se realiza por Internet. Tanto han cambiado los tiempos que la apreciación crítica de "I walk the line" se podría centrar únicamente en denunciar el evidente delito de pederastia representado: la escabrosa relación entre el sheriff Tawes (Gregory Peck) y la adolescente Alma (Tuesday Weld). Así, se quedaría la cinta en el retrato de una obsesión enfermiza, Humbert Humbert y Lolita, y el tachado automático de la película por parte del espectador posmoderno (ver el reciente combate de opiniones que se ha producido recientemente en el diario "El País" alrededor de la inmortal obra de Vladimir Nabokov). Serán las segundas oportunidades y ante todo la traición, dos temas a valorar en el enjuiciamiento de este filme: un final inolvidable y ciertamente previsible. No hay redención posible.

11 comentarios:

  1. Sonora bofetada de Frankenheimer a la sociedad americana de finales de los setenta, donde desmonta el típico héroe inmaculado o el final feliz entre otras cosas. Es curioso, hemos visto en esta película las mismas referencias: Lolita, Deliverance...
    Saludos

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    1. Algo cambió en el cine de Hollywood en 1967, no hay duda, y "Bonnie y Clyde" de
      Arthur Penn es considerada el chupinazo del movimiento, de esa nueva ola. Y encontrar ahora estrenos que sean tan atrevidos, en los tiempos inmovilistas de lo políticamente correcto, es bastante complicado. Y tenemos las mismas referencias, sí: cine esplendido que alguna ve vimos y que no se olvida.

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  2. No vi la película pero debe valer la pena ya por la banda de sonido.
    ¡Qué bueno que hayas puesto esa versión con Joe Strummer! ¡dos grandes!
    The Clash es una de mis bandas preferidas, algo menospreciadas por acá, pero que tiene sus puñados de fanáticos

    Abrazo!

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    1. The Clash es mi grupo de cabecera, desde siempre, así que la elección de la música no ha sido aleatoria.

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  3. Que tal Licantropunk!
    No he visto la pelicula pero me la anoto. Resulta interesante la descripción que haces, sobre todo esas referencias a Lolita y Deliverance, sobre esta ultima, la escena de la violación/sodomización sigue resultando escalofriante. La presencia de la música de Johnny Cash la hace todavia mas atractiva, uno de esos artistas inimitable y autentico. Muy acertada esa comparación con Los Chunguitos y Los Chichos, autentica musica taleguera.
    En cuanto al llamado cine "quinqui", esta etiqueta no se cuando se la pusieron pero creo que en ocasiones se utiliza a modo peyorativo (no digo que este sea tu caso), de acuerdo, aquellas no eran peliculas digamos de calidad, muchas de ellas a dia de hoy son algo indigestas y para cierto publico pueden resultar ridiculas, pero para los que como yo (50 años) crecimos con ellas tienen su parte de nostalgia. Todavia recuerdo el impacto que casuo en su momento El Pico (1983) de Eloy de la Iglesia, peliculas como esta y otras muchas escandalizaron a nuestros padres y revolucionaron a la chavaleria. Una de mis preferidas es Deprisa, deprisa (1981) de Carlos Saura, esa escena final con el tema de Los Chunguitos (Me quedo contigo) sonando es magnifica.
    Estoy de acuerdo con lo que comentas acerca de esa tendencia de lo politicamente correcto. Recuerdo haber leido el articulo de Nabokov en El Pais. Si te digo la verdad estoy mas que harto de toda esa autocensura que nos rodea, me empieza a agobiar y asquear toda esta obsesión con la moralidad (¡quien nos lo iba a decir!...) y con esas ganas de meterle la tijera a todo.
    Me ha parecido muy acertado el post, saludos!

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    1. Ja, ja, veo que pertenecemos a la misma generación "videoclub", que además creo que fue el medio que permitió que el cine quinqui se popularizara enormemente. Y aunque conocí a más de un quinqui en aquellos años, no lo utilizo como menosprecio, sino por emplear el bautismo que alguien hizo del género y que la verdad me parece bastante acertado. El prestigio se lo dio Carlos Saura en la que mencionas, "Deprisa, deprisa", Oso de Oro en el festival de Berlín, y también "La estanquera de Vallecas" de Eloy de la Iglesia, que contaba con un reparto buenísimo. Y alrededor un montón de películas muy violentas y descarnadas pero que tenían esa crudeza como señal de realismo y de libertad creativa. Un cine que ahora sería imposible hacer, me temo.

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  4. La década de los 60 correspondió a los realizadores de televisión, que habían empezado su carrera en dicho medio y que luego se habían pasado al cine con armas y bagajes. Sin embargo, el movimiento había comenzado a mediados de los 50, con títulos como Donde la ciudad termina, de Martin Ritt, The Young Stranger, de John Frankenheimer (ambas de 1956), El precio del éxito, de Robert Mulligan, y Doce hombres sin piedad, de Sidney Lumet (ambas de 1957). Casi nada. Desgraciadamente, la magnífica Yo vigilo en camino no tuvo ningún éxito a pesar de tratarse probablemente de su mejor película, un vigoroso relato ambientado en el Sur de Estados Unidos que evita los habituales clichés. Sin embargo, Gregory Peck, a mi juicio,no era el actor ideal para encarnar al desdichado sheriff que se enamora de la hija de un contrabandista de licores, pero aquí están los años, a veces, el mejor crítico, para confirmar el valor de esta gran película.

    Si analizamos todas estas películas surgidas de los grandes directores surgidos de la televisión, nos damos cuenta que su forma de narrar es, precisamente, televisiva pero con grandes resultados. Ahí tenemos Marty (1955), la primera película escrita por el guionista de televisión Paddy Chayefsky y dirigida por el realizador de televisión Delbert Mann, y pasando por El hombre de Alcatraz, puramente televisivas pero tan grandes como el cine, allí, combatiendo con las grandes superproducciones de la época, y con mayor resultado en lo que tan manidamente llamamos sentimientos.

    Un abrazo

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    1. Cuánto echaba de menos tu erudición cinematográfica: es un gusto leerte. Yo también he tenido mis dudas acerca de si Gregory Peck era acertado para encarnar al sheriff Tawes, pero una vez concluida y meditada la proyección, creo que le va como un guante: el dilema moral, el conflicto interior, la duda existencial, son más amargos si le toca sufrirlos a Atticus Finch...

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    2. Gregory Peck está precisamente perfecto y, si se hiciera un remake ahora, yo creo que habría que recurrir a Tom Hanks.

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  5. Mr. Licantropunk, gran pelicula, con un magistral Gregory Peck, ¡que sheriff! y la banda de sonido impecable. Saludos.

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