domingo, marzo 04, 2018

"The Square", de Ruben Östlund

A pocas horas de que comience la gala de entrega de los premios Oscar, y sin haber visto muchos de los títulos que se postulan esta noche para obtener el galardón de mejor película del año 2017, quizás haya sido acertado buscar esa cinta alejándose de la categoría reina y adentrándose en el, por lo general, jugoso apartado de mejor película extranjera, que por esa condición foránea no ha de perder la oportunidad de ser reconocida como la que contiene las mejores obras cinematográficas del año a nivel mundial. Y "The Square" parte con ventaja al haber ganado, nada menos, la Palma de Oro en el último festival de Cannes: una estatuilla en  Los Ángeles no sobra, pero no merma lo ya logrado.
La oportunidad de ver "The Square" en estos días es doblemente afortunada, pues laten aún con fuerza tres noticias del panorama nacional que tratan el espinoso asunto del arte y la libertad de expresión: la retirada de ARCO de la obra "Presos políticos" de Santiago Sierra, el secuestro cautelar del libro "Fariña" de Nacho Carretero y la condena a prisión del rapero Pablo Hasel por el contenido de sus letras. ¿Qué es la libertad de expresión, me pregunto anonadado ante tanto anuncio de tiempos malos para la lírica, la libertad de expresión en el arte, que es la que me ocupa, y que ha tenido muchos ejemplos internacionales recientes como la censura a los cuadros de Egon Schiele en Berlín o Londres o a la película "Lo que el viento se llevó" de Victor Fleming en un cine de Memphis? Según la Declaración Universal de Derechos Humanos lo que se intuye que significa esa libertad es exactamente lo que es, pero enseguida se encuentra uno con codas y acotaciones a la misma, sobre todo una que habla de "exigencias de la moral", término suficientemente ambiguo como que para cualquier artista se eche a temblar: si no sé lo que es la libertad de expresión, por lo que es moral o inmoral no se molesten en preguntarme.
"The Square" descubre el caos en el que se convierte la vida de Christian (Claes Bang), director de un prestigioso museo de arte moderno de Estocolmo, después de sufrir un robo. La élite pija del nuevo milenio es completamente incapaz de enfrentarse a problemas interclasistas, traumas cotidianos que le obliguen a transitar territorios lumpen alejados de su ropa de marca, su Tesla, su Iphone y su cohorte de privilegiados del capitalismo de ficción, aunque en ocasiones oculten su mala conciencia disfrazándose de falsos pobres: la película critica abiertamente las diferencias económicas y sociales que demuestran el fin del estado del bienestar de los países del Báltico, esa tierra de ensueño que acunó durante décadas los sueños proletarios del trabajador por cuenta ajena: estos sí que son cuentos de hadas merecedores de un Oscar. La cinta acentúa con maestría esas contradicciones de especie en una escena deslumbrante en la que el salvajismo primigenio del ser humano se libera en una cena de gala: el mecenas, el benefactor, el rico, agacha la cabeza humillado ante la presencia aterradora del macho alfa, el mono desnudo que desecha las convenciones sociales y que sólo piensa en satisfacer su condición animal.
De los tres ejemplos de aplicación traumática de limitación de expresión mencionados antes, el de la feria de arte ARCO quitando de sus paredes 24 retratos pixelados de diversos personajes que se encuentran en prisión en España, es el que más encaja con el panorama de la vanguardia artística actual mostrado en "The Square". Lo importante en una obra de arte o, mejor dicho, en una exposición que desee triunfar en la prensa y captar la atención del público, es que genere polémica: conseguir atravesar la barrera del instante en que un dedo pulgar moviéndose en la pantalla de un teléfono móvil, ocultando a la vez muchos titulares desplazados al olvido, va a conceder una oportunidad a los ojos del espectador para que ese instante pueda convertirse en un minuto. O dos. Por los "Presos políticos" de Santiago Segura se han pagado más de 90.000 euros y ARCO atrapó docenas de editoriales y columnas de opinión, además de dar lugar a ingente ruido estéril de tertulianos: que hablen de uno aunque sea mal.

4 comentarios:

  1. Me parece una película extraordinaria, que abarca y reflexiona sobre multitud de temas sin resultar superflua en ninguno de ellos. Mala leche que no deja títere con cabeza: arte, gente, sociedad, individualismos, y tanto más.
    Este director sabe meter el dedo en la llaga, y me permito recomendar "Turist" y "Play", esta última película verdaderamente valiente en los taxativos tiempos que corren (para que se haga una idea, la sinopsis: tres niños inmigrantes -y negros- asaltan a tres niños suecos blancos, y el hecho promete causar infinidad de apasionados puntos de vista).
    "The Square" se tiene merecido cualquier premio que obtenga.
    Saludos.

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  2. Una estupenda película del director de "The Turist". Utiliza el arte moderno para denunciar los males de la sociedad. Divertida, sarcástica, ácida. No ganó en Sevilla, pero arrasó en los premios de la Academia de Cine Europea.

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  3. Ya me gustó este director en Fuerza mayor y sigue sorprendiéndome en The Square. Un director que no solo no deja indiferente, sino que cuestiona y genera debate, tal y como has planteado tu interesante texto. Me gusta la cantidad de lecturas y puntos de vista que genera. Cómo la propia metáfora que plantea la obra y el título de la película (lo que está dentro del cuadro y fuera...). O también la indiferencia y el aislamiento consciente ante realidades duras... Es una película que recuerdas y viene a tu cabeza después de que pasen días, meses...
    Beso
    Hildy

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  4. Hola Licantro!
    pues voy a verla entonces, me gustó la crítica. Además estos últimos meses estuve leyendo policiales suecos y me sorprende muchísimo esa cultura tan diferente (en especial a nosotros, los sudamericanos)

    Abrazo!

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