Los cines Van Dyck de Salamanca programan durante estos días, del 5 al 22 de Marzo, el ciclo
"30 Semana de Cine e Idiomas", una oportunidad única en la ciudad para disfrutar en pantalla grande de cine en versión original. Cine del bueno y a precio reducido, además: no sé como no hay tumultos en las taquillas. Merecería la pena haber visto el ciclo completo, por supuesto, pero, qué se le va a hacer, sólo ha habido oportunidad para una. Con una, sobre todo si es esta cinta y uno es de buen conformar, ya va bien: pequeñas alegrías.
Melancolía mortal: el apocalipsis según Lars Von Trier.
Dos hermanas imposibles, Justine y Claire, Kirsten Dunst y Charlotte Gainsbourg, la rubia y la morena: dos interpretaciones espectaculares. La primera de ellas se llevó el año pasado el premio de Cannes a la mejor interpretación femenina, el mismo premio que la segunda había conseguido con la anterior película del maestro danés,
"Anticristo" (con Lars las actrices lo bordan: Emily Watson en "Rompiendo las olas", Björk en
"Bailar en la oscuridad", Nicole Kidman en "Dogville"). A su lado Kiefer Sutherland, que tampoco está nada mal cuando tiene que colgar su placa de agente de la C.T.U. (Jack Bauer en "24"), y alejarse de los papeles de héroe de acción. Aparecen otros habituales del cine de Lars Von Trier como Udo Kier o Stellan Skarsgård (su hijo, Alexander Skarsgård, interpreta el papel del recién casado Michael: notable actor que ya dejó huella interpretando al sargento Colbert en la fantástica serie bélica "Generation Kill") y la nada desdeñable pareja formada por Charlotte Rampling y John Hurt: con padres como esos no me extraña que salgan así las hijas. Resumiendo, un reparto excelente y esforzado al máximo: una garantía.

Dos hermanas, dos historias y un prólogo fascinante, hipnótico, igual que en "Anticristo", y de nuevo indagar en la mente, hurgar en la angustia, en la depresión de la que ha sido víctima el director, ese loco. De nuevo determinar que la vida es un lugar terrible y que más valdría que apareciera un planeta asesino en el firmamento, un planeta que, en magnífico choque destructivo, colisionara con el nuestro y acabara con todo: la melancolía mata: la bilis negra que asfixia el impulso vital de levantarse y afrontar un nuevo día. La música de Wagner impregna la película de principio a fin, avasalladora, espectacular, inmensa: el sentimiento wagneriano, como cantaba Pablo Carbonell (
aquellos días del estado volcánico: ¡ignición!, ¡magma!). Una música trascendente y épica: romanticismo megalómano. Si
"El árbol de la vida" de Terrence Malick era el lado optimista, la cosmogonía creadora, el nacimiento, "Melancolía" es el contrapunto necesario para dar equilibrio al universo. Es curioso constatar las similitudes (en negativo: el reverso) entre ambas cintas, las dos del mismo año, posiblemente las mejores de la cosecha: dos directores, dos películas, dos genios.
Película creada para quitarle el aliento al espectador, para derrotar su ánimo exhibiendo una alegoría de destrucción absoluta: íntima y universal: primero la chica y después el mundo. El tópico dice que es un cine que no deja indiferente a nadie. Menos mal, porque en realidad es la única cualidad que hace que el cine avance, que el esfuerzo de realizar una película merezca la pena. Ya se verá después cuáles fueron obras maestras.