miércoles, octubre 28, 2009

"Katyn", de Andrzej Wajda

El 17 de Septiembre de 1939, la URSS hace lo mismo que hizo Alemania el día 1 pero por la frontera oriental. Polonia doblemente invadida, divida en dos. Una nación que dejó de existir en el siglo XVIII, repartida entre codiciosos vecinos, devuelta al mapamundi después de la Primera Guerra Mundial, se ve de nuevo avocada a la extinción: presa fácil para la pinza formada por el oso ruso y el lobo alemán.
La matanza de Katyn: 15000 tiros en la nuca. Hitler y Stalin se echan la culpa mutuamente (el dilema, que no la duda, llega hasta nuestros días) de haber asesinado y enterrado en fosas comunes a 15000 militares polacos, más de la mitad oficiales. Un dedo acusador imparcial señalaría sin dudarlo a los soviéticos, ya que los cadáveres se exhumaron en un territorio bajo su poder en 1940 y además eran prisioneros suyos. Irrefutable. Probablemente el padrecito Stalin pensó que los oficiales eran élites burguesas (médicos, ingenieros, abogados) que convenía exterminar: el pueblo es más fácil de doblegar si se purga a los peligrosos intelectuales y el ejercito se deshace si desaparecen sus mandos.
Entre los muertos de Katyn se encuentra el padre de Andrzej Wajda, capitán del ejercito polaco (el propio director de cine luchó contra los nazis cuando apenas tenía edad para afeitarse). Se puede pensar que la película es un ajuste de cuentas parcial y revanchista con los hechos acaecidos: nada que objetar. Sin embargo parece una tarea ineludible que el director, octogenario, debe afrontar para acallar viejos fantasmas. La obra de Wajda alrededor del desarrollo de la Segunda Guerra Mundial en Polonia es sobresaliente y, que yo haya visto, cuenta con otros tres títulos: "Generación", el patriotismo exacerbado de la resistencia; "Canal", mi favorita, un viaje horrendo a través de las cloacas de Varsovia por parte de un grupo de combatientes que huyen del ejercito alemán; y "Cenizas y diamantes", quizá la más famosa de las tres, que aborda el status quo polaco tras la guerra: para unos los soviéticos son unos libertadores, para otros unos invasores. "Katyn", es otra digna pieza de ese magistral mosaico cinematográfico.
La ignominia y el deshonor, reposan en oscuras fosas de vergüenza.

martes, octubre 20, 2009

"Ascensor para el cadalso", de Louis Malle

Un asesino atrapado en un ascensor y un asesino con el resguardo de una tienda de revelado en el bolsillo. La película es famosa porque la banda sonora es de Miles Davis. Durante una noche, del 4 al 5 de diciembre de 1957, se produjo la grabación en unos estudios de París. Louis Malle había montado en bucle las escenas que llevaban banda sonora y las pasaba una y otra vez mientras los músicos improvisaban y Jeanne Moreau servía bebidas: hay mucha leyenda en torno a la grabación: el resultado también es mítico. El disco lo oí hace tiempo, la película la he visto hoy por primera vez.
Jazz, nouvelle vague, cine negro y una trama hitchcockiana. Una extraordinaria combinación. Y Jeanne Moreau, Florence, vagando sin rumbo por la noche parisina, flotando entre acordes improvisados.


domingo, octubre 18, 2009

"Déjame entrar", de Tomas Alfredson

La figura del vampiro ha cobrado auge en los últimos tiempos en la literatura para adolescentes con la saga "Crepúsculo" de Stephenie Meyer (tomando el relevo a Harry Potter, que se ha ido a hacer el servicio militar), en series de televisión como "True blood", "Moonlight" o la veterana "Buffy Cazavampiros" o en la estética de grupos de rock como Marilyn Manson, HIM, Evanescence, Nightwish: el gótico está de moda. El vampiro se volvió cool cuando abandonó la cripta maloliente y emigró del castillo rumano para sobrevolar las playas californianas en "Jóvenes ocultos" de Joel Schumacher (Kiefer Sutherland recién salido del horno, en 1987) o, más recientemente, ser los amos de pistas de baile rociadas de sangre en "Blade" de Stephen Norrington. Qué lejos quedan estos chupasangres guaperas y vitales de la lombriz con orejas que era Nosferatu o del atildado look del Drácula de Lugosi.
El vampiro ha vuelto para que jóvenes pálidos y lánguidos suspiren por un mordisco en el cuello, una curiosa interpretación de la castidad y el enamoramiento: el vampiro se apodera del alma de sus víctimas poseyendo su vitalidad y su deseo, pero la virginidad, si la hubiera, permanece inalterada. Un ser incapacitado para el sexo, impotente como un yonqui irredento, cuyas manifestaciones amorosas (recuerdo de su anterior condición humana) se vuelve tan peligrosas como el abrazo de una mantis religiosa en celo.
"Déjame entrar" tiene parecidos ingredientes a los de la cinta "Crepúsculo" de Catherine Hardwicke (que no he visto: nos encanta criticar un libro por la portada o una película por el trailer: lo peor es que muchas veces se acierta) aunque seguramente no tiene nada que ver la una y la otra: la taquilla recaudada tampoco. Producción sueca que me pareció que tenía cierto aire retro. Luego descubrí que está basada en una novela cuya acción transcurre a principios de los ochenta: también es parte de su encanto: vampiros a los que les viste su madre en vez de tanta chupa de cuero y tanto collar de chinchetas. Se retrata el amor/amistad entre una vampira lolita que acaba de llegar al vecindario y un chaval harto de tener doce años. ¿Quién no querría tener la fuerza sobrehumana de un vampiro para ajustarle las cuentas al matón de la clase? Y también aparece el hambre, un hambre de siglos, intemporal, una maldición incurable, porfiria mitológica (hace poco revisé "El baile de los vampiros" de Roman Polanski: qué gran película y qué pena da ver a Sharon Tate en plenitud).
No apta para el que espere un atracón de hemoglobina, una sucesión de sustos o para el que no esté preparado (enemigos de la contemplación) para procesar ciertas elipsis bergmanianas. Eso sí, llegar al final tiene premio. Impactante.
El legado de Bram Stoker tiene cuerda para rato.

domingo, octubre 11, 2009

"Vicky el vikingo", de Michael Herbig

Otro gran sabio de la antigüedad: Hipatia era para los alejandrinos lo que Vicky viene a ser para los vikingos.
Reconozco que eché una cabezadita a mitad de la proyección (lo que nunca me sucedió cuando disfrutaba del original en dibujos animados que echaban por televisión) pero los peques se lo pasaron en grande.
A mi se me pasó la edad.
Lamentablemente.

sábado, octubre 10, 2009

"Agora", de Alejandro Amenábar

"Yo no pongo mi ignorancia en un altar y le llamo dios". M. Bakunin.

Mijail Bakunin, al comienzo de su libro "Dios y el estado" (hoy mismo ha caído en mis manos como regalo de un diario español, como parte de una colección llamada Pensamiento Crítico; sí, ese periódico progresista; no, no es "La Razón"), habla de las primeras relaciones entre el Creador y su imagen y semejanza, según las cuenta el Génesis bíblico. Toda la Tierra a tu disposición excepto el fruto del árbol de la ciencia. Ese ni tocarlo. Pero el poder divino del Todopoderoso no debía ser tan grande: la mujer -la primera que alcanza el conocimiento- y el diablo son una combinación peligrosa (ver "La mujer pantera"). Dice el anarquista ruso: "El hombre se ha emancipado, se ha separado de la animalidad y se ha constituido como hombre; ha comenzado su historia y su desenvolvimiento propiamente humano por un acto de desobediencia y de ciencia, es decir por la rebeldía y por el pensamiento". De eso trata en esencia la película de Amenábar: de animalidad humana, de pensamiento y de rebeldía. Hipatia será la que encarne los dos últimos valores mencionados mientras que el primero se deja para los fanáticos cristianos de la época del emperador Teodosio el Grande.
Los conflictos religiosos han arrasado la historia de este planeta durante milenios, en nombre de unos entes que, como decían los autobuses de Barcelona, probablemente no existan. Creencias asentadas en dogmas inamovibles establecidos por una caterva de ignorantes: el conocimiento es un enemigo peligroso porque puede dejar al descubierto sonrojantes estupideces. De perseguidos a cazadores (esos terribles parabolanos) con el fin de acabar con todo el que piensa distinto o con todo el que piensa, sin más. Estampas de vidas de santos (aparece San Cirilo de Alejandría o San Taumasio, ese Amonio interpretado por Ashraf Barhom en una de las mejores actuaciones de la película) que ponen los pelos de punta.
La película es una gran producción: la pasta se ve en cada plano (recuerdo que en "Alejandro" de Oliver Stone recrearon la Alejandría de Tolomeo en un pobre decorado de flores de plástico y maquetas de cartón piedra que daba pena verlo). Los decorados, los vestuarios, la música: magníficos, dignos de un director que desde su primera obra ha puesto un cuidado obsesivo en los pequeños detalles que hacen creíble una trama, ya sea recrear una casa de fantasmas, la habitación de un tetrapléjico o el ágora de una capital del mundo antiguo. En cuanto al guión, a mi parecer la trama da lo mejor de sí al tratar la dimensión histórica de los acontecimientos y es más floja en cuanto a describir la vida intima, los sentimientos y las inquietudes de la sabia Hipatia. El clímax se produce a mitad de la proyección, en el asalto a la Biblioteca de Alejandría, mientras que al final hay un segundo intento de tensión dramática que no me parece tan logrado. De cualquier modo no peligra el resultado. Muy buena película de un director que hasta el momento no me ha decepcionado y sí me ha sorprendido. En más de una ocasión.
La cámara se aleja a altitud estelar para mostrar un puñado de hormigas insignificantes que se empeñan inútilmente en ser el centro del universo.

jueves, octubre 08, 2009

"La mujer pantera", de Jacques Tourneur

Hombres lobos, mujeres pantera: the devil inside.
La chica más dulce afila sus garras.
La castidad y los celos forman una dicotomía perversa que asegura un billete directo al frenopático.
La película es de 1942, una antigua obra maestra del cine fantástico. Pero hay una canción moderna... perfecto himno para mujeres pantera.

Soko - "I'll Kill Her"


So, of course, you were supposed to call me tonight
you were supposed to call me tonight
we would have gone to the cinema
and, after, to the restaurant, the one you like in your street

we would have slept together, have a nice breakfast together
and then a walk in a park together, how beautiful, and then
you would have said “i love you” in the cutest place on earth
where some butterflies are dancing with the fairies

i would have waited like a week or two
but you never tried to reach me
no, you never called me back
you were dating that bleach-blonde girl

if i find her, i swear, i swear…
i’ll kill her, i’ll kill her
she stole my future, she broke my dream
i’ll kill her, i’ll kill her
she stole my future when she took you away

i would have met your friends, we would have had a drink or two
they would have liked me, ’cause sometimes i’m funny
i would have met your dad, i would have met your mum
she would have said “please, can you make some beautiful babies?”

so we would have had a boy called tom and a girl called susan, born in japan
i thought it was a love story, but you don’t want to get involved
i thought it was a love story, but you’re not ready for that …

me neither. i’ll kill her
she stole my future, she broke my dream
i’ll kill her, i’ll kill her
she stole my future when she took you away

she’s a bitch you know, all she’s got is blondeness
not even tenderness, yeah, she’s cleverless
she’ll dump your arse for a model called brendan
he will pay for beautiful surgery ’cause he’s full of money

i would have waited like a week or two
but you never tried to reach me
no, you never called me back
you were dating that bleach-blonde girl

if i find her, you know, i swear, i swear, i swear …


domingo, octubre 04, 2009

"Rocco y sus hermanos", de Luchino Visconti

El viaje del sur al norte: el sur pobre, el norte rico. Una viuda y sus cinco hijos abandonan la tierra meridional de los olivos y los viñedos, de los jornaleros y las alpargatas, y se trasladan a la fría Milán, símbolo del renacer industrial de la Italia de Posguerra (la película trascurre en Italia, pero la acción podría desarrollarse en cualquier barrio de la periferia madrileña, durante el éxodo masivo de campesinos españoles de principios de los sesenta: del campo a la ciudad en busca de un porvenir). Cinco hermanos, cinco suertes dispares: semillas de un mismo saco, cada una germina a su modo: alguna tenía que pudrirse. La película arroja un balance final donde la modernidad sale mal parada y la mirada se vuelve, melancólica, a la pureza de la vida sencilla: inercia conservadora condenada sin remedio: el mundo cambia y hace cincuenta años ya existía esa misma sensación de que el progreso es enemigo de la condición humana, destructor de la familia y vehículo de ambiciones corruptoras. Dentro de otro cincuenta años, esa idea seguirá existiendo.
A lo largo de casi tres horas de metraje, la cinta presenta en su planteamiento, nudo o desenlace, tres estilos diferenciados. Un comienzo neorrealista, la llegada a la ciudad como un puñado de palurdos que arrastran fardos de ropas y cestos llenos de viandas y que deben descubrir las claves de una capital amenazadora e inmisericorde pero prometedora: una chica de largas piernas, labios de carmín y vida alegre: el personaje de Annie Girardot, Pandora fatal, manzana del pecado que desencadenará todas las tormentas, frente al de Katina Paxinou, la tópica mamma luctuosa, la loba que cuida de sus cachorros con firmeza y pasión desmedida. Después la película salta al ring, a abrirse paso a golpes (el mito del hombre de campo sano y fuerte, con más puños que mollera) para salir del destino desconchado y mohoso de un cuartucho a compartir con tres hermanos. Será este un tramo de estética de cine negro, de buena película de boxeo (combates excelentemente rodados: la profesión de las doce cuerdas no es nada fácil de llevar a una pantalla sin que se noten las falsas bofetadas al actor y en esta película parece que se zurran de verdad: pelea verité), en el que Alain Delon se rebelará como un James Dean a la europea, un personaje lacónico lleno de bondad y de perdón pero abocado a la tristeza sin solución del que intenta poner orden en desdichados problemas familiares: hermanos que se infligen las mayores afrentas concebibles. Y en el desenlace, tragedia absoluta, latina, (aquel la maté porque era mía: los celos nublan el telón de fondo de los crímenes pasionales) de llantos desconsolados y pecados sin remedio que desembocan en una catarsis excesiva. Un drama teñido de sangre, en fin.
Una obra maestra.